Seresco ya ha puesto cifras y dirección a su siguiente etapa. La compañía ha presentado su Plan Estratégico 2026–2028, un documento que no plantea un salto brusco, sino una aceleración ordenada sobre una base que considera sólida: ingresos recurrentes, rentabilidad elevada, cartera fidelizada y una trayectoria de adaptación que, en tecnología, vale casi tanto como el tamaño.
El objetivo central de la nueva hoja de ruta es alcanzar en 2028 una facturación de 90 millones de euros, dentro de una horquilla de entre 84 y 92 millones, y hacerlo sin renunciar a una de las señas de identidad que más subraya la empresa: la rentabilidad.
La fotografía de partida explica el tono del plan. En 2025, Seresco facturó 56,3 millones de euros, un 5% más que el año anterior, y registró un EBITDA ajustado de 10 millones, con un crecimiento superior al 14% y un margen del 17%. Son cifras que la sitúan entre las firmas tecnológicas más rentables del mercado nacional y que permiten a la compañía afrontar una nueva fase de expansión sin cambiar de filosofía: crecer, sí, pero con estructura y con una lógica financiera reconocible.
Carlos Suárez, consejero delegado, resume esa idea en una frase que atraviesa el planteamiento estratégico de la compañía: el crecimiento de Seresco no se apoya en una única palanca, sino en una combinación de crecimiento orgánico, crecimiento inorgánico y crecimiento internacional. Y no es una fórmula improvisada. La empresa lleva años ordenando su estructura para que las distintas áreas de negocio funcionen de manera más horizontal y puedan aprovechar mejor su base de clientes, hoy situada en torno a 3.000 compañías.
Tres palancas para una nueva escala
La primera palanca es el crecimiento orgánico, con especial atención a verticales de mayor margen como la ciberseguridad y la transformación digital, y con una estrategia muy reconocible en consultoría tecnológica: vender más y mejor sobre clientes que ya confían en la compañía. El plan habla de cross selling, pero la traducción es bastante sencilla: aprovechar una cartera fidelizada para ampliar servicios, elevar el valor de cada cuenta y reforzar relaciones a largo plazo. En palabras de la empresa, se trata de un crecimiento sustentado en ingresos recurrentes, flujos de caja predecibles y una base sólida de clientes que ya conocen la calidad del servicio.
La segunda palanca es el crecimiento inorgánico disciplinado. Seresco mantendrá una política de adquisiciones selectivas, con participaciones mayoritarias superiores al 75%, orientadas a sumar capacidades tecnológicas y especialización. Según ha explicado recientemente Carlos Suárez, no se trata de incorporar compañías para dejarlas operar de forma independiente, sino de integrarlas en el grupo para que aporten conocimiento, sinergias inmediatas y valor añadido. Es una idea importante, porque dibuja un modelo de M&A más industrial que financiero: menos tamaño por acumulación y más integración real.
La tercera línea es la internacionalización, con crecimiento progresivo en Centroeuropa y Latinoamérica, además de la consolidación de su posición en la Península Ibérica. La compañía identifica en estos mercados una demanda creciente de servicios avanzados en digitalización, geodatos y ciberseguridad, tres terrenos donde Seresco quiere jugar con más profundidad en los próximos años. En esa proyección, el peso internacional se sitúa en torno a un 15%, aunque la propia empresa deja margen a que esa proporción pueda aumentar si el contexto acompaña.
El plan no se queda, sin embargo, en una cuestión de perímetro. También pone el acento en la mejora de procesos y en el uso de nuevas tecnologías para elevar productividad y optimizar productos y servicios. Ahí aparecen dos palabras que ya son inevitables en cualquier estrategia tecnológica ambiciosa: gobierno del dato e inteligencia artificial. En el discurso de la compañía, ambas no son un adorno, sino una capa transversal que debe ayudar a trabajar mejor para el cliente y a ganar eficiencia interna.
Hay otro elemento que da contexto a este plan: la propia historia reciente de Seresco. Carlos Suárez ha recordado que uno de los grandes puntos de inflexión llegó en 2018, cuando se produjo la reestructuración societaria mediante una operación de MBO que convirtió al equipo directivo en propietario mayoritario. Aquel movimiento desembocó después en la salida a Bolsa en 2022 y marcó una forma de mirar el crecimiento que ahora se prolonga en el nuevo plan: más profesionalización, más escala y más ambición, sin perder la capacidad de adaptación que la empresa considera una de sus grandes fortalezas tras 57 años de trayectoria en un sector que cambia con una velocidad poco indulgente.
La pregunta de fondo, en realidad, no es si Seresco quiere crecer —eso está claro—, sino cómo quiere hacerlo. Y la respuesta que ofrece este Plan Estratégico 2026–2028 parece bastante definida: con más volumen, pero también con más margen; con más presencia internacional, pero sin descuidar la integración; y con una cartera cada vez más anclada en servicios de mayor valor añadido. Dicho de otra forma: crecer sin perder el control del modelo.
Si el objetivo de alcanzar los 90 millones en 2028 se cumple, Seresco no solo habrá ganado tamaño. Habrá confirmado algo más relevante: que una compañía tecnológica asturiana puede escalar manteniendo una combinación poco frecuente de recurrencia, rentabilidad y disciplina estratégica. En un sector donde muchas veces se premia el crecimiento a cualquier precio, esa puede ser, precisamente, su mayor diferencia.