I+D industrial

Lucía Álvarez (Saint-Gobain): “La ecoinnovación solo tiene sentido cuando logra transformar la realidad industrial y llegar al mercado”

Lucía Álvarez - Responsable de Eco-Innovación en el Avilés R&D Centre / Foto: Marta Martín · © Marta Martín. Derechos de uso reservados.
La responsable de Eco-Innovación en el Avilés R&D Centre, defiende que los criterios ambientales deben entrar en el diseño desde el primer día y no como corrección posterior. Habla del reto de la circularidad del vidrio plano, del desarrollo de ORAÉ y del nuevo horno Furhy, "un hito tecnológico para el sector" que llegará a Avilés.

Fabricar vidrio exige temperaturas muy altas y mucha energía. Es, por definición, una industria difícil de descarbonizar, y por eso resulta un buen sitio para comprobar si la sostenibilidad industrial es algo más que una declaración.

Lucía Álvarez llegó a ese terreno desde la química organometálica, investigando reacciones catalíticas en un momento en que la propia disciplina viraba hacia la química sostenible. Hoy dirige la ecoinnovación en el Avilés R&D Centre de Saint-Gobain Glass, un centro integrado dentro de la red internacional de investigación del grupo y, sobre todo, dentro de una planta de fabricación y transformación de vidrio plano. Esa proximidad es lo que le permite validar en condiciones industriales reales lo que funciona en laboratorio.

En esta conversación explica qué distingue a una ecoinnovación de una buena intención —"una mejora medible", cuantificada con análisis de ciclo de vida—, dónde mueren realmente las ideas sostenibles, por qué recuperar el vidrio de ventanas y fachadas sigue siendo el gran cuello de botella de la circularidad, y cuál es hoy el equilibrio más difícil para una industria europea que descarboniza mientras compite globalmente.

Y deja una aspiración que resume el oficio: que dentro de diez años la palabra "ecoinnovación" haya dejado de existir, porque para entonces sea simplemente la forma normal de hacer industria.

Tu trayectoria comenzó en la investigación química y hoy trabajas en ecoinnovación. ¿Cómo se produjo ese salto de la ciencia a la industria y qué cambió en tu manera de entender la innovación? 

Mi trayectoria comenzó en el ámbito de la investigación científica, concretamente en química organometálica. Durante aquellos años, en la academia tuve la oportunidad de participar en proyectos centrados en el desarrollo de nuevas reacciones catalíticas de síntesis química en un momento en el que la propia disciplina ya estaba evolucionando hacia conceptos como la organocatálisis y la química sostenible

Es decir, ya existía una preocupación creciente no solo por conseguir una transformación química determinada, sino por hacerlo de una manera más eficiente, con menos recursos y menor impacto ambiental.

Cuando di el salto al entorno industrial y al ámbito de los materiales encontré una continuidad natural de esa forma de pensar. En Saint-Gobain, la innovación ya no se evalúa solo por su viabilidad técnica o por las prestaciones del producto final, sino también por su contribución a los objetivos de sostenibilidad. 

Desde hace años, los criterios ambientales forman parte de cada proyecto de I+D desde sus fases iniciales. Cuando iniciamos un desarrollo, la pregunta no es solo si una solución funcionará o si aportará valor al cliente, sino también cuál será su impacto en términos de huella de carbono, consumo de recursos, circularidad o eficiencia energética a lo largo de todo su ciclo de vida.

Esa evolución refleja cómo ha cambiado la innovación en las últimas décadas. Hoy, innovar no es solo demostrar que algo es posible desde un punto de vista científico o tecnológico, sino conseguir que esa solución pueda industrializarse, generar valor para el cliente y contribuir de forma tangible a los objetivos de sostenibilidad. 

En sectores como el nuestro, afrontar retos tan ambiciosos como la descarbonización o la economía circular requiere precisamente esa combinación de ciencia, innovación e industria. Tener la oportunidad de trabajar en la intersección de esos tres ámbitos es lo que hace apasionante mi trabajo en ecoinnovación.

‘Ecoinnovación’ es una palabra a la que nos cuesta poner límites o fronteras... En vuestro trabajo diario, ¿qué tiene que tener una innovación para que merezca ese apellido?

Una innovación merece calificarse como ecoinnovación cuando genera simultáneamente valor técnico, económico y ambiental. No se trata solo de desarrollar un nuevo producto o proceso, sino de demostrar que aporta una mejora medible en términos de sostenibilidad. 

Eso puede traducirse en una menor huella de carbono, una reducción del consumo energético, mayor incorporación de materiales reciclados, mejor reciclabilidad o una contribución a la eficiencia energética de los edificios. En Saint-Gobain utilizamos metodologías rigurosas basadas en análisis de ciclo de vida para cuantificar estas mejoras y evitar que la sostenibilidad se quede en una declaración de intenciones.

La ecoinnovación, por tanto, es la manera en la que entendemos que debe producirse la innovación hoy.

El centro de I+D de Saint-Gobain Glass en Avilés desarrolla soluciones para descarbonizar el vidrio plano —más contenido reciclado, menos energía, procesos optimizados— y las valida a escala industrial en la propia planta / Foto: Marta Martín · © Marta Martín. Derechos de uso reservados

¿En qué momento entra la sostenibilidad en el desarrollo de un producto? ¿Es ya una condición de partida cuando comienza el I+D o todavía existen casos en los que se intenta mejorar ambientalmente una solución una vez diseñada?

Debe estar presente desde el inicio. En Saint-Gobain forma parte de los criterios de diseño desde las fases más tempranas de los proyectos de I+D.

Cuanto antes se incorpore esta perspectiva, mayor capacidad tenemos para optimizar materiales, procesos y prestaciones. También existen proyectos destinados a mejorar productos ya existentes, pero el mayor potencial de transformación se encuentra cuando las consideraciones ambientales forman parte de las decisiones fundamentales del desarrollo tecnológico.

Nuestro objetivo es avanzar hacia un enfoque donde prestaciones, competitividad y sostenibilidad se diseñen conjuntamente desde el primer día.

Cuando desarrolláis un nuevo material o proceso tenéis que hacer convivir prestaciones técnicas, coste, consumo energético, materias primas, reciclabilidad y capacidad de producirlo a escala ¿Dónde aparecen las mayores contradicciones?

Más que contradicciones hablaría de compromisos. La innovación industrial consiste en gestionar múltiples aspectos que a veces avanzan a velocidades distintas y hay que encontrar el equilibrio. 

Por ejemplo, una solución puede ofrecer una reducción importante de emisiones pero requerir tecnologías o materias primas que todavía no han alcanzado la madurez o disponibilidad necesaria para su implantación. En otras ocasiones, la mejora ambiental existe, pero debe conseguirse manteniendo los niveles de calidad, fiabilidad y competitividad que esperan los clientes.

La buena noticia es que cada vez aparecen más ejemplos donde sostenibilidad y rendimiento avanzan de la mano. Ahí es donde la innovación aporta su valor.

En innovación industrial hay una enorme distancia entre conseguir algo en un laboratorio y convertirlo en miles o millones de metros cuadrados de producto competitivo. ¿Dónde suelen morir las buenas ideas sostenibles: en la tecnología, en la fábrica, en el coste o en el mercado?

La etapa de industrialización es probablemente una de las más complejas del proceso innovador. Muchas ideas funcionan técnicamente en condiciones controladas, pero durante el desarrollo del proyecto hay que demostrar que son robustas, repetibles y económicamente viables en una producción continua a gran escala.

No suele existir una única barrera. A veces es una cuestión tecnológica, otras de costes, disponibilidad de materias primas o madurez del mercado. Por eso es tan importante disponer de líneas piloto, capacidades de escalado industrial y contar con la colaboración entre los equipos de investigación, industriales y el negocio. 

La ecoinnovación solo tiene sentido cuando logra transformar la realidad industrial y llegar al mercado.

Lucía Álvarez, responsable de Eco-Innovación, en el Avilés R&D Centre de Saint-Gobain Glass, integrado en la planta de fabricación y transformación de vidrio plano / Foto: Marta Martín · © Marta Martín. Derechos de uso reservados.

Saint-Gobain tiene en Avilés un centro de I+D con laboratorios y líneas piloto. ¿Qué papel juega un centro como este para reducir esa distancia entre una idea y una solución que termina llegando al mercado?

Juega un papel crucial y estratégico.

El centro, Avilés R&D Centre, forma parte de la red internacional de investigación de Saint-Gobain, y en él trabajamos de manera coordinada con otros centros del Grupo en proyectos multidisciplinares y de alcance global. Esa dimensión internacional nos permite combinar conocimientos y experiencias diversas.

Cuenta, además, con una ventaja diferencial enorme: su integración en un gran centro industrial de fabricación y transformación de vidrio plano. Esa proximidad nos permite comprender de primera mano los desafíos reales de producción, realizar ensayos a gran escala, validar soluciones en condiciones industriales y proporcionar asistencia técnica directamente en planta.

En la práctica, esa conexión entre investigación e industria acelera enormemente la transferencia tecnológica, reduce los tiempos de desarrollo, facilita el aprendizaje conjunto y aumenta las probabilidades de éxito cuando una innovación pasa del laboratorio a la producción industrial.

El vidrio es un buen ejemplo de esa dificultad: necesita temperaturas muy elevadas y su fabricación es intensiva en energía. Cuando pensáis en su descarbonización, ¿dónde está hoy el mayor margen de avance?

La descarbonización del vidrio requiere actuar sobre múltiples palancas: eficiencia energética, mayor contenido reciclado, optimización de materias primas, electrificación y nuevas tecnologías de fusión. 

No existe una solución única, el avance vendrá de la combinación de todas ellas.

ORAÉ es probablemente uno de los ejemplos más visibles de esta estrategia: Saint-Gobain habla de alrededor de un 42% menos de huella de carbono que su vidrio claro europeo convencional y señala a Avilés como una de las plantas que participaron en su industrialización. ¿Qué os enseñó un desarrollo como este sobre lo que significa llevar la ecoinnovación a escala industrial?