EL FUTURO DEL MITO

Fermín Soneira y el delicioso problema de Lamborghini

Lamborghini tiene una tarea que muchas marcas matarían por tener: cambiar mucho sin dejar de parecer Lamborghini. El fichaje del ingeniero asturiano Fermín Soneira como nuevo CTO habla justo de eso: electrificación, software, China y una marca que vive de convertir la técnica en deseo.

Fermín Soneira - Chief Technical Officer CTO) de Lamborghini
photo_camera Fermín Soneira - Chief Technical Officer (CTO) de Lamborghini

Lamborghini tiene un problema delicioso.

No necesita convencer a nadie de que sus coches son deseables. No necesita explicar que tiene historia, exceso, diseño, teatralidad y una identidad reconocible a varios carriles de distancia. Su dificultad es otra: cómo modernizarse sin perder la parte irracional que la hace valiosa.

Si has visto alguna vez un Lamborghini, aunque no te interesen demasiado los coches, sabes que la marca juega en un territorio distinto. No vende solo movilidad. Ni siquiera vende solo prestaciones. Vende presencia, ruido, gesto, brutalidad controlada y una promesa emocional bastante poco razonable. Y precisamente ahí está el reto: el automóvil está cambiando hacia electrificación, software, conectividad y nuevas arquitecturas, pero Lamborghini no puede permitirse sonar a transición ordenada.

Tiene que seguir sonando a Lamborghini.

Por eso el nombramiento de Fermín Soneira es interesante. A partir del 1 de julio de 2026 será Chief Technical Officer de Automobili Lamborghini, con responsabilidad sobre Investigación y Desarrollo y Motorsport, en sustitución de Rouven Mohr. 

La noticia podría quedarse en una lectura sencilla: un ingeniero español llega a la cúpula técnica de una de las marcas más icónicas del mundo. Está bien. Es cierto. Pero lo importante no es solo el pasaporte ni el cargo. Lo importante es el tipo de experiencia que Soneira lleva a Sant’Agata Bolognese.

Viene de Audi, de SEAT, de la electrificación, del producto premium y de China. Es decir, de algunos de los lugares donde el automóvil ha dejado de ser solo motor y chasis para convertirse también en plataforma, software, conectividad, experiencia digital y velocidad de desarrollo. 

Un ingeniero para una marca emocional

En una marca generalista, electrificar suele ser una cuestión de eficiencia, regulación, coste, autonomía y precio. En Lamborghini, electrificar es bastante más complicado: es una cuestión de deseo.

Un coche eléctrico ya puede acelerar de forma salvaje. Eso ha dejado de ser suficiente. Lo difícil es conseguir que una nueva arquitectura técnica -más baterías, más software, más electrónica, más hibridación- siga generando esa sensación de exceso que forma parte del ADN de la marca.

Ahí Soneira encaja mejor de lo que parece. Su carrera no es la de un especialista encerrado en una sola pieza del coche. Empezó en Audi en desarrollo de chasis, pasó por SEAT durante más de una década, regresó a Audi y después asumió responsabilidades vinculadas a estrategia de producto, producto global, gamas eléctricas e-tron y el proyecto de cooperación Audi-SAIC en Shanghái. 

Ese recorrido importa porque Lamborghini no necesita solo tecnología. Necesita que la tecnología no le robe el personaje.

La frase parece sencilla, pero no lo es. En el coche premium, una transición tecnológica no falla únicamente si el producto es malo. A veces falla porque el cliente no reconoce la emoción que venía a comprar. Y en Lamborghini la emoción no es un accesorio: es el producto.

China como escuela de velocidad

La parte china de la carrera de Soneira añade una capa importante. Desde marzo de 2024 ha liderado el proyecto conjunto entre Audi y SAIC en Shanghái, enfocado en una plataforma específica para China y en una nueva generación de vehículos premium inteligentes y conectados. 

Eso no significa que Lamborghini vaya a copiar una lógica de volumen que no le corresponde. Pero sí introduce una experiencia útil: la del mercado donde el automóvil se está moviendo más rápido.

China ya no es solo “el mercado grande”. Es el lugar donde el coche eléctrico, el software, la conectividad, las pantallas, los asistentes y los ciclos de desarrollo han obligado a las marcas europeas a mirar con menos suficiencia y más urgencia. Las líneas específicas de Audi para China, desarrolladas con SAIC, reducen significativamente los tiempos de desarrollo frente a los modelos europeos y están pensadas para clientes y regulaciones locales. 

La próxima vez que alguien diga que una marca europea “tiene que adaptarse a China”, quizá convenga hacerse una pregunta menos obvia: qué parte de esa velocidad puede aprender una marca sin perder su identidad.

En Lamborghini, esa pregunta es especialmente delicada. La marca no puede volverse genérica. No puede parecer una plataforma tecnológica con un logo agresivo. Si cambia, tiene que hacerlo sin perder la sensación de coche casi teatral.

El reto

El reto de Fermín Soneira no es hacer que Lamborghini sea tecnológica. Lamborghini ya lo es.

Su reto es más fino: hacer que la tecnología parezca Lamborghini.

La electrificación, la hibridación, el software y la conectividad tienen que entrar en la marca sin volverla neutra. No pueden suavizar demasiado el carácter. No pueden convertir el exceso en eficiencia bien educada. No pueden hacer que un Lamborghini parezca simplemente “avanzado”. Tiene que seguir pareciendo algo un poco excesivo, un poco imposible y un poco innecesario en el mejor sentido comercial de la palabra.

Ese es el delicioso problema: Lamborghini debe adoptar herramientas del futuro sin perder la parte casi antigua de su atractivo. Esa parte que no se explica del todo con datos. La que tiene que ver con el diseño, la sensación, el sonido, el gesto y el deseo.

La técnica, en Lamborghini, no es solo ingeniería. También es dramaturgia.

Dónde poner la mirada

Lo primero será cómo se traduce su experiencia en electrificación y producto en los próximos modelos. La nueva tecnología tendrá que sentirse como una evolución natural de la marca, no como una concesión defensiva a la regulación.

Lo segundo será Motorsport. Que Soneira asuma I+D y competición importa porque en Lamborghini el rendimiento no es una línea de marketing separada: forma parte del relato técnico y emocional de la compañía. 

Lo tercero será cuánto de la experiencia china entra en la cultura de desarrollo. No se trata de copiar velocidad sin criterio, sino de aprender a moverse más rápido en un mercado donde los clientes esperan tecnología embarcada, software y experiencia digital al nivel de la emoción mecánica.

Y lo cuarto será el equilibrio entre mito y modernización. La pregunta no es si Lamborghini se va a electrificar más. La pregunta es qué parte de esa electricidad se puede convertir en deseo.

En el fondo, ese es el examen de Fermín Soneira: no llega a Lamborghini solo para poner más tecnología sobre la mesa. Llega para ayudar a que la tecnología siga pareciendo una forma de emoción italiana.