Del blindado al software: el gasto en defensa redibuja el mapa industrial español
Madrid, Sevilla, Albacete y Asturias emergen como grandes polos de un ciclo inversor que ya no se limita a fabricar aviones, buques o vehículos militares. Software, comunicaciones, ciberseguridad, inteligencia artificial y sistemas avanzados ganan peso mientras las grandes empresas amplían fábricas y buscan proveedores capaces de absorber una demanda que se dispara.
Durante décadas, hablar de industria de defensa remitía casi automáticamente a unas pocas imágenes: un astillero, una línea de montaje aeronáutica, una fábrica de munición o un vehículo blindado saliendo de un taller. Todo eso sigue ahí. Y va a seguir pesando mucho. Pero el dinero que España está movilizando para modernizar sus capacidades militares está empezando a dibujar una industria bastante más amplia.
Hay fábricas nuevas y líneas de producción que crecen, pero también software, radares, comunicaciones cifradas, ciberseguridad, inteligencia artificial, sensores, simulación, servicios de ingeniería o computación avanzada. Y hay, sobre todo, una geografía industrial detrás de ese movimiento.
Un nuevo análisis de BBVA Research sitúa a Madrid, Sevilla, Albacete y Asturias entre los principales polos tecnológicos e industriales sobre los que se está concentrando la contratación de Defensa. No se trata de un ranking cerrado ni de los únicos territorios relevantes del sector. La fotografía muestra, más bien, dónde se aglutinan buena parte de las capacidades de diseño, fabricación e integración asociadas a los grandes programas.
Detrás aparece una transformación de escala. Las decisiones relacionadas con gasto en defensa aprobadas por el Consejo de Ministros alcanzaron en 2025 un importe medio anual anunciado cercano a 4.750 millones de euros, frente a una media de 730 millones entre 2013 y 2024. Más de seis veces. Las 15 mayores empresas adjudicatarias concentraron, además, el 43% del importe contratado en 2025.
Pero quizá el cambio más interesante no sea cuánto se está gastando, sino en qué se está convirtiendo ese dinero.
Un ciclo diferente a los anteriores
BBVA Research ha rastreado más de 26.000 referencias del Consejo de Ministros desde 2013 utilizando técnicas de extracción de datos, procesamiento del lenguaje natural e inteligencia artificial. El resultado apunta a que España ha entrado en un ciclo inversor más amplio que los observados anteriormente.
El incremento alcanza prácticamente todo el espectro: sistemas de armas y munición, capacidades aéreas, infraestructuras, ciberdefensa, investigación y desarrollo, logística o sistemas de información. Las adquisiciones de plataformas militares siguen ocupando una posición central, pero desde 2022 software y comunicaciones aparecen con mucha mayor fuerza en los objetos de contratación del Ministerio de Defensa.
La composición del propio Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa ofrece una dimensión del cambio. De los 10.471 millones de euros adicionales previstos inicialmente para 2025, el Gobierno reservó 3.262,76 millones —el 31,16%— a nuevas tecnologías de telecomunicación y ciberseguridad. Esa partida incluye comunicaciones cifradas, satélites, antenas, radares, nube, 5G, inteligencia artificial y computación cuántica. La destinada específicamente a nuevos instrumentos de defensa y disuasión representaba un 18,75%.
No significa que España vaya a gastar más en software que en vehículos, aviones o fragatas: las categorías presupuestarias no permiten hacer esa equivalencia y muchos grandes programas son plurianuales. Sí muestra algo diferente: la defensa moderna necesita una base tecnológica mucho más extensa que la fábrica tradicional de armamento.
Es algo que ya empieza a verse en proyectos concretos. Este verano, siete centros tecnológicos españoles pusieron en marcha la primera red nacional de inteligencia artificial orientada a seguridad y defensa, con casi seis millones de euros de financiación y más de 1.700 investigadores en las entidades participantes. Y Europa avanza también en un nuevo sistema soberano de comunicaciones para conectar sus cazas, otra muestra de hasta qué punto comunicaciones, software e interoperabilidad se han convertido en capacidades estratégicas.
El blindado no desaparece. Se llena de electrónica, sensores, comunicaciones y software.
Madrid, el gran centro de sistemas e integración
Si hay un territorio donde la frontera entre industria pesada y tecnología avanzada resulta difícil de dibujar, es Madrid.
BBVA lo coloca entre los grandes focos de concentración de adjudicaciones y capacidad industrial. Y no es únicamente consecuencia de que muchas compañías tengan allí sus sedes sociales: alrededor de la capital existen instalaciones productivas y tecnológicas que abarcan prácticamente todo el espectro de la defensa.
Getafe constituye uno de sus mejores ejemplos. Airbus concentra allí la línea final española del Eurofighter, la conversión militar del A330 MRTT, actividades de mantenimiento del A400M y trabajos espaciales relacionados con sistemas como SpainSat NG.
A pocos kilómetros, Alcalá de Henares alberga instalaciones de EM&E donde conviven fabricación mecánica y tratamientos superficiales con ingeniería, validación y las líneas de integración de sistemas electroópticos, estaciones de armas remotas y kits de munición guiada.
Es precisamente esa mezcla la que define el polo madrileño: aeronáutica, radares, electrónica, comunicaciones, espacio, sensores, integración y mando y control.
También es un buen ejemplo de cómo la nueva demanda está provocando movimientos empresariales. EM&E ha acelerado en los últimos meses un despliegue que incluye nuevas capacidades productivas fuera de Madrid, desde una gran instalación industrial en Alovera hasta una planta de fotónica en Paterna. Cinco movimientos industriales en cinco meses ilustran esa carrera por ganar escala.
Madrid concentra buena parte del cerebro de la industria de defensa española. Pero ese cerebro necesita cada vez más fábricas y proveedores repartidos por el territorio.
Albacete: de fabricar helicópteros a exportar tecnología digital
Albacete es posiblemente el territorio que mejor resume la transformación.
La ciudad lleva años asociada a Airbus Helicopters. Allí se fabrican y sostienen plataformas como el NH90 y el H135 y se concentran capacidades industriales relacionadas con helicópteros militares. La nueva oleada de inversión va a ampliar esa huella.
A finales de 2025, España formalizó la adquisición de 100 helicópteros Airbus de diferentes modelos. El plan lleva asociado el crecimiento de las capacidades existentes en Albacete, un nuevo centro de personalización de helicópteros militares, un centro internacional de entrenamiento para pilotos y técnicos del H145M y nuevas instalaciones relacionadas con la modernización del Tiger. Airbus estima más de 300 nuevos puestos directos durante los tres años siguientes.
Hasta ahí, la historia podría parecer la de siempre: más pedidos, más fábrica.
Pero el 17 de junio de 2026 Airbus inauguró en Albacete algo completamente diferente: uno de los tres hubs digitales mundiales de Airbus Helicopters, junto a los existentes en Francia y Alemania.
El Digital Campus trabaja para el conjunto de la división internacional en inteligencia artificial, ciberseguridad, análisis de datos, diseño digital, fabricación y servicios. La previsión es que alcance alrededor de 200 profesionales en 2029, con unas 70 incorporaciones anuales durante su despliegue.
En pocos kilómetros conviven, por tanto, la fabricación y mantenimiento de helicópteros militares con un centro global dedicado a IA y ciberseguridad. Eso también es hoy una fábrica de defensa.
Asturias: el regreso de la industria terrestre
En Asturias el movimiento toma otra forma.
Aquí la especialización tiene raíces profundamente industriales. Trubia lleva décadas vinculada a vehículos y armamento terrestre; Rheinmetall Expal mantiene producción relacionada con munición; y alrededor de ese núcleo tradicional ha ido formándose una red de empresas de metal, ingeniería, software, simulación, robótica y fabricación avanzada.
La diferencia es que esa base ha recibido ahora un nuevo tractor.
Indra decidió situar en Asturias el centro de operaciones de su negocio de vehículos militares terrestres y ha convertido su planta de Gijón en una de las piezas principales de la nueva estrategia industrial del grupo. En marzo, Conecta contó desde Gijón y Oviedo cómo esa apuesta empezaba a pasar del anuncio a la fábrica: talleres para integrar vehículos blindados, pista propia de pruebas y un encuentro con 326 empresas y entidades de nueve comunidades para ampliar la cadena de suministro.
La compañía aspira a multiplicar por cuatro su huella industrial entre 2024 y 2027, y necesita hacerlo acompañada de proveedores capaces de fabricar componentes, aportar electrónica, desarrollar tecnología o asumir parte de los nuevos programas.
El siguiente movimiento llegó este verano. Indra eligió As Pontes, en Galicia, para instalar la segunda fábrica de su corredor norte de vehículos militares, complementaria a Gijón y concebida dentro de una red productiva capaz de elevar significativamente la capacidad de fabricación de plataformas terrestres.
Asturias, por tanto, ya no aparece únicamente como heredera de una industria histórica de defensa. Está intentando convertirse en uno de los nodos desde los que se industrializará la nueva generación de programas terrestres.
Y el ecosistema empieza a ser más diverso que el propio blindado. Empresas asturianas trabajan ya en ámbitos que van desde navegación y robótica hasta simulación, software, ciberseguridad o mecanizado avanzado. La evolución de ese tejido tecnológico era visible incluso antes del actual salto de inversión.
El proyecto GUARDIANES añade otra pieza: CTIC, desde Gijón, coordina precisamente el núcleo tecnológico de excelencia de la nueva red española de IA para defensa, trabajando sobre datos, computación, algoritmos y gobierno de inteligencia artificial. En Asturias, el viaje del blindado al software puede recorrerse casi literalmente.
Sevilla: la gran fábrica del transporte militar
Sevilla representa otro modelo de especialización.
La planta de Airbus en San Pablo es uno de los grandes centros europeos de aviación militar. Allí se encuentran las líneas finales del A400M y del C295 y el International Training Centre, dedicado a la formación de tripulaciones y personal técnico de aeronaves militares.
La nueva inversión vuelve a tener una traducción muy concreta. Uno de los grandes programas aprobados en 2025 contempla la adquisición de 18 C295 para enseñanza, transporte táctico y lanzamiento de paracaidistas y cargas. El propio desarrollo normativo del programa señala que estas aeronaves incorporarán aviónica avanzada, comunicaciones militares seguras, SATCOM y sistemas de autoprotección.
El avión sigue siendo el producto visible. Pero detrás aparecen simuladores, sistemas de entrenamiento, electrónica, comunicaciones y software.
Es también el territorio donde mejor se observa otra característica señalada por BBVA: mientras las capacidades terrestres y marítimas españolas descansan en mayor medida sobre fabricantes nacionales, la aeronáutica presenta una integración europea mucho mayor a través de programas multinacionales y cadenas industriales que cruzan fronteras.
Ese modelo explica además la internacionalización. Las exportaciones españolas de defensa han crecido con fuerza desde 2022 y están concentradas principalmente en capacidades aeronáuticas, con Alemania, Italia y Francia entre sus principales destinos europeos.
Sevilla no fabrica únicamente aviones para las Fuerzas Armadas españolas. Forma parte de una cadena europea de defensa.
Cuatro polos, pero un mapa cada vez más grande
Madrid, Albacete, Asturias y Sevilla ayudan a entender la geografía que detecta BBVA, pero limitar a ellos el nuevo ciclo sería engañoso.
Cádiz mantiene uno de los grandes complejos navales militares españoles. Cartagena concentra buena parte de las capacidades submarinas. Galicia quiere utilizar incluso la compra pública como instrumento para desarrollar nuevas capacidades de defensa y aeroespacio. Cataluña reúne empresas y centros tecnológicos vinculados a electrónica, espacio, computación, fotónica y ciberseguridad. Castilla-La Mancha, Castilla y León, País Vasco o Comunidad Valenciana cuentan igualmente con compañías incorporadas a cadenas de suministro que ya no entienden de una única fábrica o provincia.
Y las grandes tractoras están intentando ensanchar ese mapa.
La razón es sencilla: el dinero solo se convierte en política industrial cuando alguien es capaz de fabricar lo contratado.
España puso en marcha en 2025 una primera oleada de 35 Programas Especiales de Modernización dentro del nuevo Plan Industrial y Tecnológico. En 2026 está preparando una segunda. Según explicó la Secretaría de Estado de Defensa, aproximadamente el 89% de la inversión de los nuevos programas prevista para este ejercicio recaerá en industria española. Conecta analizó en julio qué significa que casi nueve de cada diez euros de esa nueva oleada se queden en España.
Eso multiplica la oportunidad para grandes compañías, pero también la presión.
Hace falta capacidad de ingeniería. Hace falta suelo industrial. Maquinaria. Personal especializado. Centros de ensayo. Semiconductores. Materiales. Proveedores certificados. Software. Ciberseguridad. Financiación para que una pyme pueda asumir un contrato que quizá multiplique varias veces su producción actual.
Ahí puede estar el verdadero cuello de botella de los próximos años.
De adjudicar miles de millones a fabricar miles de millones
Las cifras extraordinarias de 2025 deben manejarse con una precaución.
Una adjudicación no equivale a gasto ejecutado en ese momento. Buena parte de los grandes contratos aprobados en diciembre de 2025 se distribuirán durante prácticamente una década. Alrededor del 75% de las adjudicaciones excepcionales de aquel mes correspondían a sistemas de armas, helicópteros y aviones y estaban concentradas en un pequeño grupo de compañías, fundamentalmente nacionales.
La pregunta industrial empieza precisamente después de la firma. ¿Podrán las empresas cumplir los calendarios? ¿Existirá suficiente capacidad productiva? ¿Hasta dónde llegará el trabajo a las pymes? ¿Qué componentes seguirán viniendo del exterior? ¿Conseguirá España que el aumento de demanda genere tecnología propia además de ensamblaje?
BBVA ya había advertido en un análisis anterior de otra particularidad del sector: el efecto del gasto se extiende mucho más allá de las empresas que reciben directamente los grandes contratos. Componentes electrónicos, maquinaria, metalurgia, telecomunicaciones, ingeniería e I+D aparecen entre las actividades que pueden beneficiarse indirectamente, aunque la dependencia de determinados insumos importados limita parte del efecto multiplicador. Ahí se decidirá una parte importante del resultado.
Porque alcanzar un determinado porcentaje del PIB explica cuánto está dispuesta España a invertir en defensa. No explica qué industria quedará cuando termine este ciclo inversor.
La primera fotografía empieza ya a aparecer. En Madrid, Eurofighter, radares, espacio y sistemas. En Sevilla, transporte militar. En Albacete, helicópteros que conviven con inteligencia artificial y ciberseguridad. En Asturias, vehículos blindados rodeados de una nueva cadena de fabricantes y empresas tecnológicas.
La industria de defensa española sigue teniendo acero, motores, munición y grandes líneas de montaje. Pero cada vez tiene también más código.