La economía circular tiene su gran reto en la fábrica: solo el 7,6% del empleo manufacturero es circular
La manufactura concentra 34,8 millones de empleos circulares, casi una cuarta parte del total, pero equivalen únicamente al 7,6% del empleo del sector. El informe habla de escala sin una transformación circular profunda y sitúa el siguiente salto en el rediseño, los materiales secundarios, la remanufactura y nuevos procesos industriales.
Hay una cifra en este informe que conviene leer antes que ninguna otra: la tasa global de circularidad —la proporción de materiales secundarios que vuelven a incorporarse a la economía sobre el total de materiales utilizados— ha caído del 9,1% en 2018 al 6,9% en 2025.
Es un dato llamativo porque convive con otra realidad: la economía circular sostiene ya entre 121 y 142 millones de empleos en todo el mundo. Pero la fotografía que ofrece el informe muestra que buena parte de esa actividad sigue concentrada en prolongar la vida de lo que ya existe, mientras la transformación circular de la producción continúa siendo limitada.
El documento es Employment in the Circular Economy, publicado en diciembre de 2025 por Circle Economy, la Organización Internacional del Trabajo y el Grupo Banco Mundial, con datos de referencia de 2023. Es la primera línea base global del empleo circular, y deja una conclusión industrial bastante clara: la circularidad está mucho más asentada en prolongar la vida de los productos que en transformar cómo se diseñan y fabrican.
Casi la mitad del empleo circular es reparar
El reparto sectorial no deja mucho margen a la interpretación.
Reparación y mantenimiento concentra al menos 65,2 millones de trabajadores, el 46% del total. Incluye la reparación dentro de la propia industria manufacturera, el mantenimiento de vehículos, la reparación de equipos informáticos y bienes domésticos y el arreglo de textiles. La manufactura en conjunto suma 34,8 millones de empleos circulares (24,6%) —una cifra que incorpora también los puestos de reparación situados dentro del sector—, las actividades de residuos unos 11 millones (8%) y la construcción 7,7 millones (5,4%). La minería, en la mayoría de regiones, sigue prácticamente desconectada de la transición circular, con un 0,2%.
El propio informe interpreta ese desequilibrio sin rodeos: la circularidad se concentra hoy en los extremos del ciclo de vida del producto, donde alargar el uso y gestionar el final de vida generan mucha demanda de trabajo. Y añade una observación que apunta directamente a Europa: la investigación disponible en la UE indica que la circularidad en el sector manufacturero está fuertemente escorada hacia mantener y preservar los activos existentes, en lugar de hacia la circularidad aguas arriba —el rediseño y el uso de materias primas secundarias—.
Dicho de otro modo: la asociación automática entre economía circular y reciclaje es incompleta. En términos de empleo, hoy pesa mucho más el taller que la planta de tratamiento. Y, dentro de la propia industria, la circularidad sigue estando mucho más asentada en mantener y reparar activos que en transformar cómo se diseñan y fabrican.
Escala sin transformación
El dato verdaderamente relevante para la industria no es cuántos empleos circulares tiene la manufactura, sino qué proporción representan dentro del sector.
Son 34,8 millones de personas, casi una cuarta parte de todo el empleo circular mundial. Pero equivalen únicamente al 7,6% del empleo total del sector manufacturero. El informe lo formula con una expresión que resume bien el problema: esto señala escala sin una transformación circular profunda.
La diferencia entre ambas lecturas es importante. Que la manufactura concentre casi 35 millones de empleos circulares no significa que la circularidad haya penetrado en profundidad en el conjunto del sector. Bajo la metodología del estudio, esos puestos apenas alcanzan ese 7,6%, y los propios autores señalan que ahí queda un margen considerable para la innovación circular aguas arriba.
Cuando esa transformación sí ocurre, se nota en el proceso entero y no en un añadido al final. Es lo que se ve, por ejemplo, al mirar cómo se descarboniza una acería por dentro, donde la chatarra deja de ser un residuo gestionado para convertirse en la materia prima que determina el horno, el consumo eléctrico y la calidad del producto final.
Hay además una brecha por nivel de renta que conviene retener. En los países de renta alta, el empleo circular supone el 14% del empleo manufacturero, más del doble que en los de renta media-alta (6,3%). Las actividades circulares intensivas en tecnología e infraestructura se concentran en las economías avanzadas; las intensivas en mano de obra, en las de renta baja, donde reparar es a menudo una necesidad económica antes que una estrategia ambiental.
La siguiente frontera está aguas arriba
El informe identifica con precisión dónde queda el potencial sin explotar, y es un terreno reconociblemente industrial.
Señala oportunidades de expansión en sectores de mayor valor añadido —manufactura y construcción— a través de cinco vías concretas: diseño circular, producción eficiente en el uso de recursos, reutilización, remanufactura y recuperación avanzada de materiales.
La diferencia es que buena parte de esas palancas obliga a llevar la circularidad al diseño y al proceso productivo, en lugar de concentrarla únicamente en gestionar el producto una vez fabricado. Es lo que el documento reclama de forma explícita: repensar los procesos de producción e impulsar la innovación circular aguas arriba en la manufactura, no solo reforzar los sistemas de reciclaje.
Y ahí está la prueba de fuego real, que es técnica antes que ambiental. Cuando la asturiana Naeco convierte botellas PET en fibra de poliéster para el interior de los automóviles, el material recuperado no vale por serlo: tiene que superar homologaciones del sector y mantener bajo control parámetros como viscosidad, elongación, resistencia o humedad. Esa es la diferencia entre reciclar y suministrar materia prima a una cadena industrial.
Qué haría falta para que ocurra
Las recomendaciones del informe, cuando se leen desde la industria, describen una agenda de inversión más que de concienciación.
Habla de inversión dirigida en infraestructura y tecnología: financiación para mejorar la productividad de los centros de reciclaje, remanufactura y reparación. De políticas que incentiven la colaboración entre empresas, la asistencia técnica, la transferencia tecnológica y el reparto de recursos entre compañías de economías avanzadas y en desarrollo. Y de contratación pública circular como instrumento de mercado: el informe cita el Versnellingsnetwerk Circulair Inkopen neerlandés y el plan de compra verde de Ciudad del Cabo.
El argumento es que la contratación pública puede funcionar como palanca: crear una demanda predecible para materiales reciclados, reparación y recuperación, y facilitar así inversiones que, sin esa visibilidad sobre la demanda, resultarían más difíciles de activar.
Pide además hojas de ruta sectoriales que lleven la circularidad más allá de los sectores plenamente circulares, e incorporarla a las estrategias industriales de los países que ahora están industrializando esos sectores.
De reparar a fabricar de otra manera
La conclusión que deja el informe no es que la reparación importe poco. Al contrario: es un pilar de la economía circular, más eficiente en recursos y menos intensivo en capital que el reciclaje, y da trabajo a 65 millones de personas.
Es más bien que la economía circular, tal y como aparece en esta primera fotografía global, es todavía en gran medida una economía de la prórroga: millones de empleos se concentran en mantener, reparar y extender la vida de productos y activos, mientras la penetración de la circularidad en la manufactura sigue siendo limitada.
El siguiente tramo, si llega, se jugará antes: en cómo se diseña un producto para que pueda desmontarse, en si una planta puede trabajar con material secundario sin perder calidad, en si remanufacturar sale a cuenta frente a fabricar nuevo. Eso ya no es gestión de residuos. Es ingeniería de proceso, inversión en tecnología y decisiones de compra. Se decide dentro de la fábrica.