Hablar de transferencia es hablar de encuentro entre conocimiento y necesidad, entre ciencia e industria, entre personas que investigan y personas que producen. Con ese espíritu se desarrolló en Avilés la cuarta jornada de la II edición de la Semana de la Transferencia, una iniciativa impulsada por la Universidad de Oviedo para reforzar los vínculos entre la investigación universitaria y el tejido productivo. El encuentro tuvo lugar ayer, 22 de enero, en el Centro Niemeyer, y puso el foco en consolidar mecanismos que permitan conectar capacidades científicas con retos reales en un territorio marcado por su tradición industrial y por el desafío de atraer y retener talento. Las intervenciones institucionales y las reflexiones compartidas por empresas e investigadores dibujaron un paisaje donde la transferencia se entiende como diálogo, colaboración y solución conjunta.
La alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, abrió la jornada con una mirada local y comprometida: “Hoy somos referencia en innovación gracias a importantes centros de I+D y a una ciudad con grandes empresas industriales”, afirmó, recalcando que “Avilés no se entiende sin el papel activo de nuestra industria, pero tampoco sin la capacidad de aprender y adaptarse a los cambios”. Monteserín defendió el valor de la cooperación como motor de futuro asegurando que “nadie sale adelante solo. Progresan quienes cooperan”.
Por su parte, Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo, destacó que aunque Avilés no tenga campus, “es Universidad de Oviedo”, enfatizando que la institución “no solo está en Gijón u Oviedo, sino también aquí, donde hemos puesto empeño en llegar”. El rector vinculó la apuesta por el diálogo y el encuentro con la idea de utilidad social, pues “universidad también es el lugar donde generamos espacios estratégicos, donde las personas nos sentamos a hablar de proyectos de futuro”.
La vicerrectora de Transferencia y Relaciones con la Empresa, Susana Luque, puso el acento en el carácter práctico de la iniciativa al subrayar que “el modelo funciona cuando se pone el foco en proyectos reales”. Para Luque, las mesas sectoriales “han demostrado ser formatos para generar conversaciones, que abren puertas a proyectos con impacto”. Los casos de éxito, dijo, “ayudan a romper barreras, generan confianza mutua y demuestran que la transferencia es rentable para ambas partes”, añadió, resaltando que las empresas “demandan validación, plazos, acompañamiento y talento técnico”.
Un guiño al papel de los espacios de innovación lo aportó Manuel Campa, concejal de Desarrollo Urbano y Económico en el Ayuntamiento de Avilés, haciendo referencia al centro de empresas avilesino ‘La Curtidora’: “Ofrecemos paciencia y cariño. Este centro puede ser el espacio más parecido a dar el salto de un campus al emprendimiento empresarial”.
Transferencia e innovación como motor de la industria del futuro
La ponencia central de la jornada corrió a cargo de Tatiana Manso, Head of Operations de ArcelorMittal Global R&D Spain, quien defendió la transferencia como una palanca estratégica imprescindible para que la industria pueda transformarse sin perder competitividad. “Tras dos décadas trabajando en investigación estamos convencidos de que la transferencia es un puente para recorrer ese camino”, afirmó. Un puente que, subrayó, “tenemos que construir desde nuestro nodo, pero que es imposible levantar en solitario”.
Manso explicó que el centro de I+D de ArcelorMittal en Asturias forma parte de una red global de investigación con cerca de 1.500 investigadores repartidos por todo el mundo, y que opera como un centro global desde España, ofreciendo soluciones innovadoras para cualquier área del grupo que lo necesite, desde plantas industriales hasta equipos corporativos. “Somos un centro global desde Asturias”, recalcó, destacando además el carácter transversal del trabajo investigador que se desarrolla en la región, con presencia también en Sestao y Madrid.
El centro asturiano, recordó, existía antes de 2008, pero fue en ese año cuando la compañía decidió reforzar su papel estratégico y convertirlo en un nodo global. “Éramos 24 investigadores, trabajábamos en una sala y no teníamos plantas piloto”, relató. En aquel momento, añadió, “necesitábamos los laboratorios de la Universidad de Oviedo”, una colaboración que marcaría el desarrollo posterior del centro. Desde entonces, la apuesta por el talento joven y la conexión con la universidad ha sido constante. En 2014, ArcelorMittal lanzó el programa Global R&D New Frontiers, orientado a incorporar recién titulados sin experiencia previa para trabajar en megatendencias que aún no estaban maduras. “La mayoría de ese talento venía de la Universidad de Oviedo”, destacó. En 2022, la compañía dio un paso más al fusionar sus tres centros de I+D, alcanzando en Asturias una plantilla cercana a los 300 investigadores.
Manso detalló las competencias clave del centro: digitalización e inteligencia artificial, optimización de procesos y productos, y descarbonización y sostenibilidad. “Esto no lo podemos hacer solos”, insistió. “Es necesario crear un ecosistema científico y tecnológico, y la Universidad de Oviedo ha estado con nosotros desde el inicio”. Además, se refirió también al papel tractor que ha ejercido el centro a lo largo de los años, generando un ecosistema que ha dado lugar a nuevas empresas, startups o spin-offs con talento altamente cualificado. La colaboración con la universidad, añadió, se ha mantenido durante “más de tres décadas a través de contratos, proyectos financiados, cátedras, becas, estancias, participación en eventos y colaboración con prácticamente todos los departamentos universitarios”.
Como ejemplo de transferencia internacional, Manso citó colaboraciones con universidades de referencia como la Universidad Libre de Bruselas, Michigan State University o la Universidad de Burgos, en proyectos de optimización avanzada, formación de investigadores y resolución de retos técnicos complejos. “La transferencia no es un concepto abstracto ni un mero trámite administrativo, sino ese puente que nos conecta con soluciones. Cuando ciencia y empresa se conectan, avanzamos de forma más ágil y con mayor impacto”
De retos compartidos a proyectos colaborativos
La mesa de identificación de necesidades empresariales estuvo moderada por Azucena Jiménez, responsable de Proyectos de FEMETALiNDUSTRY, quien explicó el origen del formato a partir de una metodología ya probada entre empresas. “En su día se nos ocurrió reunir a varios de nuestros socios, plantearles qué retos se les presentan y darles un espacio para debatir entre ellos hasta llegar a soluciones compartidas”, señaló. En muchos casos, añadió, “ese proceso termina en proyectos colaborativos ganadores y financiados”.Así que, se preguntaron, “por qué no aplicar esa misma metodología a la colaboración universidad-empresa?”. A partir de ahí, el trabajo se centró en definir cómo hacerlo, qué necesidades concretas existen y qué grupos de investigación pueden dar respuesta. “Llevamos unos meses trabajando en ello y a nuestros socios les parece una iniciativa muy interesante. Hay intereses por ambas partes: por un lado la industria, con capacidad de financiación, y por otro el conocimiento, las ganas y la vocación de solucionar problemas de parte de la universidad”, explicó.
Cuando se abordó cómo surge la colaboración con la universidad, Juan Luis Carús, director de Innovación del Grupo TSK, fue claro: “La colaboración surge porque dentro de la empresa tenemos necesidades concretas para desarrollar tecnología y necesitamos el apoyo de grupos universitarios para resolverlas”. En otras ocasiones, añadió, el acercamiento se produce al detectar nuevas tecnologías que empiezan a utilizar competidores: “Nos acercamos para conocerlas, ver casos de uso reales, saber qué nos resuelven y cómo podemos diferenciarnos”.
Una visión muy similar compartió Luis Pérez, director de I+D de Gonvarri MS R&D, quien insistió en que no se trata de una decisión estratégica abstracta, sino de una necesidad real. “No podemos tener capacidades infinitas. Al colaborar con los grupos accedemos a capacidad científica, talento, medios, recursos, laboratorio y equipos que una empresa no siempre puede costearse”, explicó. Ese acceso permite, además, “explorar tecnologías que vamos a tener que incorporar y avanzar más rápido que si solo usáramos nuestros propios medios”.
Desde el ámbito de la fabricación industrial vinculada a las renovables, Yerai Fernández, coordinador de I+D de Windar Technology and Innovation, subrayó que, aunque la empresa es fuerte en su actividad principal, existen retos transversales donde la universidad resulta clave. “Windar es muy buena fabricando torres, pero hay otros retos en áreas transversales en los que los grupos de investigación tienen verdadera experiencia”, afirmó.
Por su parte, Julián Corostola, director del Aleastur Innovation Center, recordó que su colaboración con la Universidad de Oviedo se intensificó a partir de un proyecto de circularidad en 2022: “Dentro de una actividad con un centro tecnológico nos dimos cuenta de que teníamos que ir más allá en cuanto a ciencia”, relató. En ese proceso buscaron capacidad de laboratorio y apoyo del departamento de Química, y encontraron en la universidad el partner adecuado. “Aprendimos que con la Fundación Universidad de Oviedo (FUO) se trabaja muy bien”, añadió, destacando la contratación de un becario de grado como parte del proyecto.
Gestión de la colaboración y mejoras
La conversación avanzó hacia los retos ya abordados gracias a la colaboración universitaria. Yerai Fernández explicó que, en su caso, los proyectos abarcan distintos campos. “Nuestra actividad es fabricar, pero hay grupos que ahondan en conocimientos específicos de ingeniería, otros de sostenibilidad o de inteligencia artificial”, señaló. “Picas una puerta y, si no son ellos, te redirigen a quien puede ayudarte”.
Luis Pérez coincidió en el carácter recurrente de estas colaboraciones: “Hemos trabajado en temas mecánicos, corrosión, informática, IA… La colaboración no es puntual, se repite”, afirmó, recalcando que esa continuidad permite “dejar la puerta abierta a la siguiente colaboración” y aprovechar la diversidad de capacidades universitarias, como cátedras o líneas de trabajo consolidadas.
Desde Grupo TSK, Juan Luis Carús concretó que desarrollan “dos o tres proyectos de I+D al año en colaboración con la universidad”. En la actualidad, afirmó, el foco está en mejorar la eficiencia y sostenibilidad en la construcción de plantas industriales; “cuanto más eficientes seamos, más contentos estarán nuestros clientes”, apuntó. Como ejemplo, citó proyectos basados en IA para conocer el estado de una obra en tiempo real y detectar desviaciones relevantes, como ocurrió en una planta en Reino Unido, donde “detectamos el momento justo de la llegada y colocación de un transformador”.
Al abordar cómo se gestionan administrativamente estas colaboraciones, Carús destacó el papel de la Fundación Universidad de Oviedo. “Desde la FUO se simplifica todo bastante, tanto desde el punto de vista de la empresa como del investigador”, afirmó, reconociendo que, con otros modelos, “puede llevar semanas o muchas firmas”. Para él, el mayor reto sigue siendo “identificar cuál es el grupo más apropiado”. Corostola reforzó esta idea al señalar que “los contratos de la FUO, con cláusulas flexibles, ayudan mucho”, y que contar con una ventana única de interlocución facilita el acceso a las unidades de conocimiento, que de otro modo “puede hacerse algo complejo”.
En cuanto a la financiación, Luis Pérez explicó que, por lo general, “es de empresa aunque depende del contexto; a veces acudimos a financiación pública, en otros casos la universidad es socia del proyecto, o se trata de trabajos más puntuales con fondos propios”, detalló. También señaló un aspecto mejorable: “La proactividad para darse a conocer. Hay grupos que no se atreven a dar el paso y proponerse, o quizá las empresas también deberíamos dar mayor visibilidad a nuestros retos”.
Las propuestas de mejora apuntaron tanto a la simplificación administrativa como al conocimiento mutuo. Pérez reconoció que “las empresas también tenemos cosas que mejorar”, y defendió que “cuanto más se simplifiquen los trámites, más capacidad tendremos todos de hacer cosas”. Yerai Fernández añadió que sería positivo que “los grupos de investigación conozcan más a las empresas y estén más involucrados”.
Finalmente, al hablar de grandes retos industriales de la región que puede abordar la universidad, los participantes coincidieron en ámbitos como digitalización, materiales, IA, sostenibilidad y circularidad. Carús añadió una dimensión menos tecnológica: “El factor humano o la relación del usuario con la tecnología para saber cómo involucrarlo en los proyectos y hacerle consciente de la mejora”. Por su parte, Corostola cerró señalando que, en un contexto de tecnologías que avanzan muy rápido, “estas jornadas nos vienen muy bien para entender hacia dónde podemos ir y dónde hay encaje”.
