Con el objetivo de profundizar en el papel de la universidad como motor de innovación y desarrollo del territorio, entrevistamos a Susana Luque, vicerrectora de Transferencia y Relaciones con la Empresa de la Universidad de Oviedo. Ingeniera química y con una sólida trayectoria investigadora, Luque lidera un área clave en el diálogo entre conocimiento y empresa, desde donde se impulsa la transformación de la investigación académica en impacto real para la sociedad. En esta charla abordamos qué significa hoy transferir conocimiento, cómo se construyen relaciones de confianza con el tejido productivo y cuáles son los retos y oportunidades que marcarán el futuro de la transferencia en Asturias.
¿Qué le atrajo personalmente del reto de asumir el Vicerrectorado de Transferencia y Relaciones con la Empresa?
Me atrajo la posibilidad de trabajar en el punto de encuentro entre el conocimiento que se genera en la universidad y su impacto real en la sociedad. Como ingeniera química, con una mentalidad muy orientada a la aplicación práctica, la transferencia ha sido siempre una inclinación natural: es el espacio donde el conocimiento se convierte en soluciones, en empleo y en desarrollo económico y social.
Al mismo tiempo, asumir este Vicerrectorado me ha permitido descubrir y aprender mucho más sobre las múltiples vertientes que tiene la transferencia, más allá de mi propia experiencia investigadora. Es un ámbito complejo y colectivo, y en ese aprendizaje continuo el papel del equipo de la Oficina de Transferencia de Conocimiento es fundamental. Trabajar con un equipo especializado y comprometido me permite seguir aprendiendo cada día y reforzar una visión más amplia y estratégica de la transferencia.
La transferencia del conocimiento sigue siendo un concepto muy debatido. ¿Por qué cree que sigue generando tantas interpretaciones distintas?
Porque la transferencia no es un proceso único ni lineal. Incluye muchas realidades distintas: contratos con empresas, patentes, creación de spin-offs, formación especializada, movilidad de talento, divulgación o colaboración con administraciones públicas. Cada disciplina, cada territorio y cada agente la vive de forma diferente. Por eso, más que buscar una definición cerrada, creo que debemos entender la transferencia como un ecosistema de relaciones orientadas al impacto.
¿Qué palancas clave tiene hoy el Vicerrectorado para impulsar una transferencia eficaz y de calidad?
Fundamentalmente, tres. En primer lugar, las personas: apoyar al personal investigador y técnico, y contar con equipos especializados dentro del propio Vicerrectorado que acompañen, orienten y faciliten los procesos de transferencia. La experiencia y el compromiso de estos equipos es clave para que las ideas puedan transformarse en proyectos con impacto real.
En segundo lugar, los instrumentos: disponer de marcos normativos claros, programas de apoyo adecuados, microcredenciales, cátedras y mecanismos de colaboración flexibles que se adapten a la diversidad de situaciones y necesidades.
Y, por último, la cultura: generar confianza, reconocimiento y tiempo para que la transferencia forme parte natural de la actividad universitaria, integrada en la docencia, la investigación y la relación con el entorno.
¿Qué papel juega actualmente la Universidad de Oviedo dentro del ecosistema de innovación y conocimiento de Asturias?
La Universidad de Oviedo es un actor vertebrador del ecosistema asturiano. Aporta talento, investigación, infraestructuras científicas y una visión a largo plazo. Colaboramos estrechamente con empresas, clústeres, centros tecnológicos y administraciones públicas, actuando como un nodo que conecta conocimiento, personas y territorio. Nuestro papel no es sustituir a nadie, sino sumar capacidades y generar valor compartido.
Desde su experiencia investigadora, ¿cuál ha sido el mayor desafío al llevar una idea del laboratorio al mundo real?
El mayor desafío suele situarse en el llamado 'valle de la muerte', entre la prueba de concepto y su aplicación real. Adaptar los tiempos académicos a los tiempos del mercado, validar la tecnología en entornos reales y encontrar el socio adecuado requiere recursos, acompañamiento y mucha perseverancia. No siempre se consigue, y de los errores se aprende tanto o más que de los aciertos. Esa experiencia personal es la que hoy me permite comprender mejor las dificultades que afronta el personal investigador y trabajar, desde la gestión, para reducir esas barreras.
¿Qué peso tiene la I+D+i de la Universidad de Oviedo en el conjunto regional? ¿En qué ámbitos se concentra?
La Universidad de Oviedo concentra una parte muy significativa de la actividad investigadora de Asturias, tanto en número de proyectos como en captación de financiación competitiva. Destacan ámbitos como la energía, los materiales, la biomedicina, la digitalización, el medio ambiente, la agroalimentación o las ciencias sociales aplicadas. Esta diversidad es una fortaleza clave para responder a retos complejos.
Universidad y empresa: ¿dónde surgen los principales desencuentros y cómo se construye la confianza?
Los desencuentros suelen surgir por expectativas distintas en plazos, lenguaje y objetivos. La confianza se construye con transparencia, profesionalización y resultados. Cuando ambas partes entienden qué puede aportar la otra, establecen reglas claras y trabajan con continuidad, la relación deja de ser puntual y se convierte en estratégica.
¿Qué tipo de perfiles están demandando hoy las empresas que se acercan a la universidad?
Las empresas demandan perfiles híbridos: buena base técnica o científica, pero también capacidad de adaptación, trabajo en equipo, pensamiento crítico y comprensión del contexto empresarial. Valoran cada vez más la formación continua y la capacidad de aprender rápido, más allá de un título concreto.
¿Qué papel juegan las microcredenciales universitarias y qué ventajas ofrecen?
Las microcredenciales permiten a la universidad responder de forma ágil y flexible a necesidades formativas muy concretas, actualizadas y estrechamente vinculadas al mercado laboral. Están diseñadas para dar respuesta a competencias específicas que las empresas demandan, en plazos cortos y con formatos compatibles con la actividad profesional.
Además, favorecen una mayor conexión entre universidad y tejido productivo, ya que suelen diseñarse en colaboración con empresas y otros agentes, incorporando contenidos aplicados y casos reales. En ese sentido, no solo son una herramienta formativa, sino también un instrumento de transferencia del conocimiento, que permite trasladar de manera rápida los resultados de la investigación y la experiencia académica a la práctica profesional.
Lejos de sustituir a la formación tradicional, las microcredenciales la complementan y la enriquecen, ampliando las oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida y reforzando el papel de la universidad como agente clave en la actualización y recualificación del talento.
¿Cómo se fomenta internamente una cultura de transferencia entre el PDI (Personal Docente e Investigador)?
Fomentar una cultura de la transferencia requiere actuar en varios niveles. Por un lado, es fundamental reconocer la transferencia como parte integrante de la actividad académica, ofreciéndole apoyo institucional, acompañamiento técnico y marcos claros que faciliten su desarrollo.
Por otro, es clave generar espacios de encuentro y de visibilización, donde el personal investigador pueda compartir experiencias, conocer otras formas de transferir conocimiento y conectar con empresas y agentes del territorio. En este sentido, iniciativas como la Semana de la Transferencia permiten convertir la transferencia en una experiencia colectiva, cercana y reconocible, que ayuda a normalizarla y a reforzar su valor dentro de la universidad.
Finalmente, la cultura de la transferencia se consolida cuando se combina el reconocimiento, la formación y la generación de oportunidades reales, de modo que el personal investigador perciba la transferencia no como una carga añadida, sino como una vía natural para amplificar el impacto de su trabajo.
¿Cuáles son ahora mismo los principales retos del Vicerrectorado?
Uno de los principales retos es institucionalizar la transferencia del conocimiento, de forma que no tenga que depender de iniciativas individuales y se integre de manera estable en el funcionamiento de la universidad. Esto implica avanzar hacia una transferencia más estratégica, alineada con las capacidades científicas de la Universidad de Oviedo y con los retos y prioridades del territorio, para maximizar su impacto social y económico.
Otro desafío clave es simplificar los procesos sin perder rigor ni seguridad jurídica. La transferencia requiere agilidad, pero también garantías, y encontrar ese equilibrio es fundamental para facilitar la colaboración entre investigadores, empresas y otros agentes.
Además, es necesario disponer de más y mejores incentivos para la transferencia, tanto en términos de reconocimiento académico como de apoyo efectivo al personal investigador. La transferencia exige tiempo, dedicación y asunción de riesgos, y debe contar con mecanismos que la valoren adecuadamente dentro de la carrera profesional.
Por último, es imprescindible la evaluación de su impacto, no solo desde una perspectiva cuantitativa, sino también cualitativa, que permita entender el valor real que se genera para las empresas, la sociedad y el territorio, y mejorar de forma continua las políticas y herramientas de apoyo.
Mirando al futuro, ¿qué le gustaría que dijeran que cambió gracias a la transferencia impulsada desde la Universidad de Oviedo?
Me gustaría que dijeran que la Universidad de Oviedo fue un socio fiable, cercano y útil; que ayudó a transformar conocimiento en oportunidades; que generó empleo cualificado y contribuyó al desarrollo sostenible de Asturias. En definitiva, que la transferencia del conocimiento de la Universidad de Oviedo es una realidad tangible.

