El poka-yoke es una filosofía japonesa nacida para evitar errores humanos involuntarios mediante el diseño de procesos infalibles. Puede parecer un concepto lejano, propio de manuales técnicos o de fábricas de alta precisión niponas, pero en Asturias tiene un hogar tan sólido como inesperado: la planta de PMG Powder Metal, en Mieres. Allí, la búsqueda del ‘cero defectos’ no es un eslogan ni una aspiración, sino una forma de trabajar profundamente arraigada. Se puede percibir en cada una de las piezas que salen de su cadena de producción, en cada ajuste realizado por sus operarios y en cada innovación que se incorpora al proceso; y es también el hilo conductor de una trayectoria industrial que ha convertido a esta fábrica en un referente europeo.
Su historia comenzó en 1996, cuando la, en aquel entonces, Sinterstahl decidió instalar en Asturias una planta de fabricación de componentes metálicos sinterizados para automoción. Las primeras dieciséis personas contratadas viajaron a Alemania donde estuvieron varios meses formándose. Entre ellas iba Antonio Agudin, hoy gerente de la planta asturiana, que recuerda ese periodo como el auténtico pilar sobre el que se levantó la cultura industrial que mantienen casi treinta años después.
Tras la formación, el equipo regresó a Mieres en verano de ese mismo año. En julio comenzaron las primeras pruebas y, apenas un mes más tarde, ya estaban fabricando piezas para Fiat. El crecimiento fue constante, acompañado de nuevas oportunidades que consolidaron el proyecto. En 2004, la planta duplicó su capacidad gracias a un contrato con Renault, y una década más tarde volvió a expandirse con la construcción del edificio dedicado a los manguitos deslizantes.
Principal fabricante europeo y referente mundial
La combinación de conocimiento técnico, inversión sostenida y visión industrial permitió que la planta asturiana se especializara en componentes complejos vinculados al coche de combustión: las cajas de cambio. Con el tiempo, PMG se convirtió en uno de los principales fabricantes europeos y un referente mundial en su segmento. Hoy factura en torno a 65 millones de euros anuales, exporta alrededor del 80% de su producción y mantiene un ritmo de trabajo estable que, según Agudin, “se prolongará durante 2025 con niveles similares a los del año anterior, aunque mirando a 2026 con expectativas de crecimiento gracias a los nuevos desarrollos que ya están en marcha”.
Ese horizonte, sin embargo, exige una adaptación. La electrificación del automóvil ha modificado las reglas del sector y PMG se enfrenta a un desafío más que evidente: los vehículos eléctricos no utilizan cajas de cambio tradicionales. Esto implica un cambio de paradigma para una empresa cuya especialidad ha sido durante décadas la producción de componentes para motores térmicos.
PMG hoy factura en torno a 65 millones de euros anuales, exporta alrededor del 80% de su producción y mantiene un ritmo de trabajo estable
Lejos de verlo como un riesgo, Agudin lo interpreta como una oportunidad obligada: “Nos vemos en la necesidad de diversificarnos”, explica, una palabra que no utiliza en tono dramático, sino casi como una evolución natural de la industria. Esa diversificación adopta muchas formas, algunas vinculadas directamente al motor eléctrico, como piezas para nuevos sistemas de tracción, componentes para bombas eléctricas de aceite o piezas destinadas a proveedores de freno que también están adaptando sus productos a las necesidades de una movilidad descarbonizada. Otras tienen que ver con innovaciones materiales, como el desarrollo de componentes que puedan integrarse en motores de flujo axial, uno de los caminos emergentes en la electrificación avanzada.
PMG Asturias lidera la I+D+i interna del grupo
La planta de PMG Asturias desempeña un papel fundamental para el grupo, pues lidera la I+D+i interna, algo que no suele ser frecuente en la industria auxiliar del automóvil. Disponen de un laboratorio de materiales que permite estudiar nuevas aleaciones, evaluar comportamientos en condiciones extremas y diseñar prototipos con precisión micrométrica. Esa capacidad científica no solo posiciona a Asturias como punto neurálgico, sino que actúa como acelerador de su propia transformación industrial.
La otra gran característica que distingue a la planta asturiana es su cultura. La digitalización, que hoy parece una prioridad reciente para muchas empresas, lleva décadas formando parte de su ADN. Los 60 o 70 robots que operan en sus instalaciones no son una respuesta a las modas actuales, sino el resultado de un modelo de fabricación muy automatizado desde el inicio. Esa automatización, lejos de desplazar talento, ha hecho que los operarios asuman un papel mucho más cualificado: no vigilan máquinas, sino que controlan procesos. No realizan tareas repetitivas, sino ajustes de precisión. No se les percibe como piezas intercambiables, sino como engranajes que son fundamentales en el sistema productivo.
Eso explica por qué el gerente insiste en que, “por encima de todo, la planta es su gente”. De las aproximadamente 220 personas que trabajan en PMG Asturias, muchas llevan veinte y treinta años en la empresa: “Los responsables de Producción empezaron como operarios básicos y han crecido hasta ocupar puestos clave en la organización”. Ese recorrido, asegura, es uno de los rasgos que mejor definen la identidad del proyecto. “La instalación es dinero, pero eso no asegura buenos resultados sin un buen equipo”, resume.
Su filosofía coincide, de hecho, con los principios que definen el TPM (Total Productive Maintenance), la metodología japonesa que busca la producción perfecta: cero averías, cero accidentes, cero defectos; y cuya implantación ha convertido a PMG Asturias en la primera planta asturiana reconocida por el Japan Institute of Plant Maintenance.
Ese reconocimiento se refleja en cifras tan contundentes como que “de 20 millones de piezas fabricadas al año, apenas una docena genera reclamaciones”, destaca Agudin. Una estadística que, en el sector de la automoción, suele considerarse utópica. La explicación está en una combinación de disciplina, formación, control meticuloso y un enfoque preventivo elevado a categoría de método. Es ahí donde el poka-yoke adquiere toda su dimensión. Más que un sistema, es un principio que obliga a diseñar procesos donde el error no pueda avanzar. Cada pieza debe ser idéntica a la siguiente; cada ajuste debe eliminar una posible desviación; cada operación tiene que estar pensada para evitar que un fallo humano, por pequeño que sea, llegue al cliente.
“De 20 millones de piezas fabricadas al año, apenas una docena genera reclamaciones”
Retos en eficiencia, talento y conexiones
En paralelo a esa excelencia operativa, la planta ha intensificado sus estrategias de eficiencia y sostenibilidad. El consumo energético representa entre el 8 y el 9% de su facturación, por lo que reducirlo se ha convertido en una prioridad estratégica. “Existen programas específicos para optimizar consumos de nitrógeno, hidrógeno y electricidad, así como protocolos de ajuste de maquinaria durante los fines de semana y medidas para detectar fugas de aire comprimido o minimizar la chatarra”, explica el gerente. Es un ejercicio constante de mejora que enlaza tanto con el TPM como con las exigencias actuales del mercado, donde la eficiencia es ya un factor de competitividad.
Pero si hay un reto que PMG menciona con claridad, ese es el del talento. La empresa necesita perfiles técnicos especializados, como profesionales de máquina-herramienta, técnicos de automatización, ingenieros mecánicos o especialistas en mantenimiento. Antonio Agudin reconoce que “el talento existe, pero no siempre logramos localizarlo”. Por ello, considera relevante “reforzar la Formación Profesional, atraer a jóvenes a las ramas industriales y mejorar la conexión entre centros educativos y empresas tecnológicas”. También recalca el potencial que ofrece la propia dinámica de la fábrica: “Quienes muestran compromiso y ganas de aprender pueden construir una carrera sólida, progresando desde puestos iniciales hasta roles de responsabilidad”.
En el plano estratégico, la ubicación de Asturias plantea desafíos que trascienden a PMG: La escasez de conexiones aéreas directas con países clave dificulta la operativa con clientes y proveedores europeos. Aunque existen enlaces, Antonio Agudin considera que “son insuficientes para el nivel de competitividad que exige el mercado actual”. La mejora de estas infraestructuras, junto con el fortalecimiento del ecosistema formativo, serían, a su juicio, dos palancas esenciales para consolidar y atraer proyectos industriales de alto valor añadido.
“Quienes muestran compromiso y ganas de aprender pueden construir una carrera sólida, progresando desde puestos iniciales hasta roles de responsabilidad”
PMG Asturias se encuentra, así, en un momento de transición decisiva: con una historia sólida, una base tecnológica consolidada, un capital humano extraordinario y un compromiso con la excelencia que bebe de metodologías japonesas, europeas y propias.. Si algo demuestra su trayectoria es que la precisión, cuando se convierte en cultura, es capaz de impulsar a toda una organización hacia nuevos horizontes, incluso en los momentos de mayor cambio del sector.