Con el objetivo de entender cómo la innovación está transformando la industria desde dentro, entrevistamos a Juan Luis Carús, director de Innovación del Grupo TSK, una compañía que opera en algunos de los proyectos industriales y energéticos más complejos a nivel internacional. Buscamos acercarnos a la innovación desde una perspectiva práctica y aplicada, poniendo el foco en cómo la tecnología se traduce en mejoras reales para las instalaciones industriales, los procesos y los clientes.
Tu carrera ha estado muy ligada a la tecnología y a la innovación industrial. ¿Cómo llegas a liderar el área de Innovación en TSK y qué significa hoy este rol dentro del grupo?
Desde el inicio de mi carrera he estado siempre vinculado a la innovación. Mientras finalizaba mis estudios universitarios me incorporé a CTIC Centro Tecnológico, donde estuve siete años ocupando diferentes roles, primero como investigador y posteriormente en otras responsabilidades. En paralelo, seguí ligado a iniciativas dentro de la universidad y realicé el doctorado, que terminé en 2015 en la UNED, en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid.
Justo en ese momento surgió la oportunidad de incorporarme a TSK para potenciar la parte de innovación digital y crear una cartera de proyectos que ayudara a la compañía a avanzar en esos ámbitos de los que empezaba a hablarse con fuerza, como la Industria 4.0. Me incorporé con un equipo de dos personas y, diez años después, somos alrededor de 20 trabajando en esa línea de digitalización.
El objetivo del rol es escuchar las necesidades e identificar los retos que puedan surgir en las distintas líneas de negocio de la compañía, tanto en los proyectos como en los propios procesos de ingeniería, e intentar ver de qué forma, a través de tecnologías digitales y nuevas tecnologías en general, podemos resolverlos.
A nivel organizativo, a finales de 2023 creamos el Centro de I+D empresarial para reforzar esta área y tener una I+D más centrada en los servicios y necesidades reales de la organización. Actualmente el centro cuenta con unas 30 personas y se estructura en dos grandes líneas de investigación: una más centrada en digitalización e industria inteligente, que es la que lidero, y otra enfocada en energía, donde se trabaja en temas como hidrógeno, captura de CO2 o almacenamiento de energía, más relacionados con procesos.
Durante estos diez años también hemos recibido varios premios y reconocimientos, tanto a nivel de equipo como por proyectos concretos que han sido considerados referentes.
¿Podrías contarnos algún proyecto de innovación en el que estéis trabajando y que refleje bien hacia dónde se dirige TSK como grupo?
Recientemente hemos finalizado un proyecto llamado InmerBot, que recibió el KIA Innovation Award, un galardón que conceden los centros de excelencia en España a proyectos de referencia, en este caso en la categoría de innovación en gran empresa. Ha sido un proyecto de cuatro años desarrollado en consorcio con otras siete empresas y tres centros tecnológicos. El objetivo era investigar tecnologías robóticas que nos ayudaran a inspeccionar de forma autónoma escenarios industriales.
En nuestro caso trabajamos en la sensórica y en los algoritmos de Inteligencia Artificial que pueden incorporarse a bordo de un robot para realizar inspecciones industriales autónomas, identificando anomalías mediante visión artificial, entre otras capacidades.
También desarrollamos la operación remota a través de tecnologías inmersivas. En un entorno de realidad mixta permitíamos manejar el robot a distancia: si el robot disponía de un brazo y el operador movía la mano en el entorno virtual, el robot replicaba ese movimiento. Lo mismo ocurría con la cabeza móvil del robot, de manera que el usuario, desde la realidad virtual o aumentada, sentía que veía lo mismo que el robot y que cualquier movimiento suyo se traducía en un movimiento físico del equipo.
Desde Asturias participó también Alisys, junto a otras empresas nacionales. Recogimos el premio en noviembre.
Este proyecto nos permitió desarrollar una prueba de concepto que validamos en nuestro taller eléctrico de TSK en Tremañes, donde simulamos un escenario industrial con distintas acciones a ejecutar. Involucramos a ingenieros de la compañía para que operaran el robot y nos dieran su feedback. Ahora estamos analizando cómo transferir esa tecnología a nuestros proyectos para diferenciarnos de la competencia.
También estáis trabajando en eficiencia en fase de construcción. ¿En qué consiste el proyecto Sitetrack?
Dentro de nuestra estrategia de I+D queremos trabajar para que, cuando construimos plantas, seamos lo más eficientes posible. Eso implica detectar cualquier problema en la construcción lo antes posible.
Sitetrack es uno de los primeros proyectos que hemos desarrollado en esa línea. Trabajamos con cámaras 360º que capturan de forma periódica el estado de la obra.
El objetivo es múltiple: por un lado, documentar en todo momento cuál era el estado de la obra en un punto concreto del tiempo, lo que mejora la comunicación entre oficina y obra ya que permite conocer fácilmente la situación sin necesidad de desplazamientos, con el impacto que eso tiene también en reducción de viajes. Por otro lado, comparar la obra en distintos momentos para identificar diferencias. Y, sobre todo, detectar de forma automática hitos y posibles desviaciones.
En el piloto en el que trabajamos conseguimos identificar el momento en que comenzaba la preparación necesaria para la llegada de un transformador, un hito clave asociado a un desembolso económico importante dentro del contrato. Detectar cuándo ocurre realmente respecto a lo planificado nos permite medir la desviación y actuar en consecuencia.
En vuestro caso, la innovación está muy ligada a la ingeniería y a las necesidades del cliente. ¿Cómo se traduce eso en valor real?
El impacto real está relacionado con la eficiencia en los procesos.
Si hablamos de procesos internos, como el apoyo a labores de ingeniería, buscamos hacerlo de la mejor forma posible y en el menor tiempo. En el caso de proyectos vinculados a servicios que dejamos operativos en nuestras plantas para los clientes, el objetivo es que puedan operar de manera más eficiente, detectar posibles fallos lo antes posible y tomar decisiones basadas en datos.
No desarrollamos tecnología por desarrollarla. Siempre partimos de necesidades concretas, ya sean internas o trasladadas por los propios clientes, que identificamos al trabajar con ellos en el día a día.
Otro elemento diferencial es que nuestros proyectos siempre tienen una parte experimental. Intentamos probarlos en instalaciones reales, ya sean propias o de clientes, para contar con un caso de uso validado. Y, si no es posible, replicamos un escenario lo más cercano posible a la realidad para poder validar la tecnología.
¿Cómo están cambiando tecnologías como la digitalización avanzada, la automatización o el análisis de datos la forma de diseñar, construir u operar proyectos en TSK?
Desde el punto de vista de la ingeniería, hemos identificado la necesidad de que los ingenieros sean más eficientes en sus tareas. Estamos trabajando en soluciones de automatización, consolidación de datos e IA para reducir el tiempo dedicado a tareas monótonas o repetitivas en las que su conocimiento no aporta valor diferencial.
En construcción, Sitetrack es un ejemplo claro de cómo buscamos identificar desviaciones lo antes posible para poder tomar medidas de mitigación y evitar impactos mayores.
Y desde el punto de vista de la operación y el mantenimiento, que fue uno de los ámbitos en los que empezamos a trabajar como departamento, estas tecnologías permiten operar las plantas de forma más eficiente, anticiparnos a posibles fallos y pasar de un mantenimiento preventivo periódico a uno basado en monitorización continua y datos en tiempo real.
En cuanto a tecnologías, estamos muy focalizados en desarrollo de software orientado a monitorización de procesos y mejora de herramientas de ingeniería, IoT y sensórica -tanto para captación de datos como para desarrollo de sensores específicos- y tecnologías inmersivas como Realidad Virtual, Aumentada y mixta.
La innovación también es una cuestión cultural. ¿Cómo se impulsa en una organización de 1.700 personas?
La innovación va de personas. Por mucho que la compañía impulse la I+D, todo depende de la cultura interna y de la capacidad de identificar necesidades y retos.
Es fundamental que las personas que trabajan en proyectos con clientes sean capaces de detectar oportunidades, y que desde innovación sepamos transformar esas necesidades en soluciones tecnológicas. También es importante que comprendan que un proyecto de innovación implica interacción, prototipos y que no siempre se consigue el objetivo ideal desde el primer momento.
Mantenemos conversaciones periódicas con los distintos departamentos para conocer en qué están trabajando y explicar qué hacemos nosotros en otras áreas. En una organización de 1.700 personas muchas veces no sabemos qué hace el compañero de al lado, y esos pequeños pilotos ayudan a consolidar relaciones y a estructurar mejor los proyectos.
En cuanto al talento, apostamos mucho por estudiantes recién egresados que realizan prácticas con nosotros y, si encajan ambas partes, continúan su desarrollo en el equipo. Aproximadamente el 70% del equipo ha seguido ese recorrido. Más allá de la aptitud técnica, valoramos especialmente la actitud, las ganas de aprender y la capacidad de afrontar retos, entendiendo que en I+D el fracaso forma parte del proceso.
¿Qué peso tiene la sostenibilidad en vuestros proyectos de innovación?
La sostenibilidad es un pilar estratégico y da nombre a nuestro centro, el TSK Sustainability Technologies Centre. Muchas de nuestras soluciones, al centrarse en eficiencia, detección temprana de desviaciones y optimización de procesos, contribuyen a reducir consumos, mejorar la seguridad y minimizar el impacto ambiental. La eficiencia operativa está directamente relacionada con la sostenibilidad.
Si miramos a los próximos años, ¿qué líneas de innovación te gustaría reforzar?
Me gustaría seguir trabajando en las líneas que ya tenemos en marcha y posicionarnos como referentes en el uso de IA en el sector industrial. También continuar desarrollando sistemas autónomos y robótica, y lograr una mayor transferencia de nuestras soluciones de I+D al mercado, ya que ahí existe un reto importante.
Además, creemos que el sector de la Defensa puede representar una oportunidad. Aunque actualmente no estamos especialmente posicionados, contamos con capacidades y experiencia en tecnologías duales -de ámbito civil aplicables también al militar- que podrían tener recorrido en ese entorno.
¿Cuáles son hoy los principales retos y oportunidades para innovar en el ámbito industrial y energético?
Uno de los principales retos es combinar infraestructuras maduras que funcionan correctamente y que no se quieren modificar con nuevas tecnologías que avanzan a gran velocidad.
En el caso de la IA, por ejemplo, los modelos evolucionan constantemente. Mantenerse actualizado y adaptarse a ese ritmo es uno de los grandes desafíos actuales de la I+D.
Para una empresa industrial que quiera empezar a innovar, ¿por dónde debería comenzar y qué errores debería evitar?
Recomendaría identificar dentro de la organización personas que conozcan bien el negocio y tengan ganas de impulsar proyectos de innovación.
Es mejor empezar por iniciativas pequeñas con impacto claro y medible, y a partir de ahí definir una hoja de ruta para escalar. También es importante apoyarse en el ecosistema: universidades, centros tecnológicos, clusters y startups.
El principal error sería intentar abordar transformaciones demasiado grandes desde el inicio o utilizar tecnologías solo porque están de moda. La innovación debe generar impacto real y medible. Innovar no es hacer proyectos atractivos, sino mejoras concretas.