Emprendimiento deeptech

Gipuzkoa lanza un programa para convertir su ciencia en cien empresas deeptech en dos años

DeepTek Gipuzkoa Fundazioa presenta un nuevo programa para acelerar la creación y el crecimiento de empresas deeptech / Foto: gipuzkoa.eus

La fundación DeepTek Gipuzkoa, impulsada por la Diputación Foral y Kutxa Fundazioa, pone en marcha un programa que aspira a identificar y acelerar un centenar de iniciativas científico-tecnológicas en los próximos dos años, acompañándolas desde la idea hasta su salida al mercado.

Las empresas deeptech —las que nacen de avances científicos complejos como la inteligencia artificial, la computación cuántica o la biotecnología— tienen un problema de origen: son las más difíciles de sacar adelante. Requieren años de maduración, inversión especializada que entienda esos plazos largos y una colaboración estrecha entre el laboratorio, la industria y el mercado que no siempre existe. Muchas ideas prometedoras se quedan por el camino, no por falta de calidad científica, sino porque nadie acompaña el difícil tránsito del conocimiento a la empresa. A cerrar esa brecha aspira la nueva iniciativa presentada en Gipuzkoa.

La fundación DeepTek Gipuzkoa ha puesto en marcha un programa de emprendimiento destinado a acelerar la creación y el crecimiento de empresas de base científico-tecnológica en el territorio. La iniciativa, promovida por la Diputación Foral de Gipuzkoa y Kutxa Fundazioa, se marca un objetivo concreto y medible: identificar e impulsar un centenar de iniciativas científico-tecnológicas a lo largo de los próximos dos años, reforzando el ecosistema de innovación guipuzcoano.

Acompañar todo el recorrido, no solo el arranque

La propuesta parte de una constatación: cada proyecto deeptech arranca de un grado de madurez distinto y afronta retos específicos según la fase en la que se encuentre, por lo que un apoyo puntual rara vez basta. Frente a los programas que se limitan a una fase concreta —una aceleradora de unos meses, un premio, una convocatoria—, DeepTek plantea un acompañamiento continuado a lo largo de todo el itinerario, desde que se identifica una oportunidad científica o tecnológica hasta que la empresa se crea, se consolida y se internacionaliza.

Ese acompañamiento se articula en torno a cinco pilares: la construcción de equipos emprendedores que combinen el talento científico con las capacidades empresariales —una de las carencias más habituales en este tipo de proyectos—, la validación temprana del mercado, el acceso a financiación especializada, un seguimiento personalizado y la conexión con empresas, inversores y ecosistemas internacionales. La gestión operativa recae en BIC Gipuzkoa, la agencia de referencia en emprendimiento del territorio, que ya venía ejerciendo esa función desde la creación de la fundación.

Inversores internacionales para escalar

Uno de los elementos diferenciales del programa es la incorporación de dos socios estratégicos con experiencia internacional en tecnología profunda: Columbus Venture Partners y BeAble, ambos especializados en inversión, transferencia tecnológica y escalado de empresas científico-tecnológicas. Su papel será aportar conocimiento experto y, sobre todo, acceso a redes internacionales de innovación, inversión e industria, un factor decisivo para que una empresa deeptech pueda crecer más allá de su mercado de origen.

Ese enfoque responde a una de las claves de este tipo de emprendimiento: la financiación. A diferencia de una startup digital, que puede validar su producto con relativa rapidez, una empresa deeptech necesita capital paciente, capaz de esperar los largos plazos de maduración que exige la ciencia antes de llegar al mercado. Conectar los proyectos con inversores que entienden esa lógica desde el primer día es tan importante como la propia tecnología.

Una apuesta que se apoya en un ecosistema previo

La iniciativa se sostiene sobre una base que el propio territorio reivindica: un gasto en I+D equivalente al 2,75% del PIB, por encima de la media estatal y europea, junto a una densa red de universidades, centros tecnológicos y de investigación y un tejido industrial avanzado. Es, en el fondo, la misma lógica que impulsa la reciente apuesta vasca por multiplicar y especializar sus polos tecnológicos para atraer industria: aprovechar una fortaleza científica e industrial existente para dar el salto que a menudo falla, el de convertir el conocimiento en empresas y empleo.

Ese salto —el de la transferencia tecnológica— es uno de los grandes retos pendientes del sistema de innovación español, y no solo vasco. Cerrar la distancia entre la investigación y el mercado exige instrumentos que acompañen la fase más delicada, aquella en la que una tecnología ya funciona en el laboratorio pero todavía no es una empresa viable. Es la misma preocupación que ha llevado al Estado a reforzar la coinversión pública en empresas deeptech para ayudarlas a escalar, y la que explica que cada vez más territorios pongan en marcha programas específicos para no dejar que su potencial científico se quede en los cajones de los laboratorios. El reto, como siempre en este terreno, no será lanzar el programa, sino que ese centenar de iniciativas previstas acabe convirtiéndose en empresas reales que sobrevivan y crezcan.