Financiación de la innovación

España coinvierte 96 millones en un mes para ayudar a escalar a la deeptech española

Solo en junio, el CDTI ha comprometido cerca de 96 millones de euros a través de su programa Innvierte: 21 millones en siete coinversiones directas en empresas de base tecnológica y hasta 75 millones en un nuevo fondo de capital riesgo especializado en compañías en expansión.

Hay un momento en la vida de toda empresa de base tecnológica que el sector conoce como el "valle de la muerte". Es esa fase en la que la tecnología ya está probada, el producto funciona y hay clientes a la vista, pero la compañía todavía no genera ingresos suficientes para sostenerse, y necesita una inyección de capital para dar el salto: fabricar a escala, contratar, internacionalizarse. Muchas buenas empresas mueren precisamente ahí, no porque su tecnología falle, sino porque no encuentran quien las financie en ese tramo. Y ese es justo el punto donde el Estado ha decidido intervenir.

El CDTI, el organismo público que canaliza el apoyo a la innovación empresarial, ha comprometido solo en el mes de junio cerca de 96 millones de euros a través de su programa Innvierte, su instrumento de inversión en capital riesgo. La cifra se reparte en dos vías: unos 21 millones en siete operaciones de coinversión directa en empresas de base tecnológica, y hasta 75 millones comprometidos en un nuevo fondo especializado. No es una subvención a fondo perdido, sino inversión: el Estado entra en el capital de las empresas, junto a inversores privados, y comparte con ellos el riesgo y el eventual retorno.

Cómo funciona: el Estado invierte, pero nunca solo

La lógica de Innvierte es distinta a la de una ayuda tradicional, y ahí reside buena parte de su interés. El CDTI no reparte dinero, sino que coinvierte: entra en el capital de una empresa siempre junto a un inversor privado especializado —un fondo de capital riesgo, un business angel— y nunca aportando más de la mitad de la operación. Es el inversor privado quien lidera y quien valida que la empresa merece la apuesta; el Estado acompaña, multiplicando la capacidad de inversión y dando confianza al resto del mercado.

Ese diseño busca resolver un fallo de mercado concreto. En España, el capital riesgo especializado en tecnología profunda —la que nace de años de investigación científica— es más escaso que en otros países, porque son inversiones caras, de riesgo alto y retorno lento. Al poner dinero público junto al privado, Innvierte reduce el riesgo del inversor privado y hace posibles operaciones que, de otro modo, quizá no se cerrarían. Desde enero, el programa ha cerrado coinversiones en 26 empresas por 74,2 millones y ha comprometido otros 650 millones en diez fondos de inversión, lo que da la medida de su papel como palanca del ecosistema.

Las empresas: de los microplásticos al diagnóstico del alzhéimer

Más ilustrativo que las cifras es ver en qué se invierte, porque dibuja el tipo de innovación que España quiere impulsar. Entre las siete empresas que recibieron coinversión en junio hay casos que ejemplifican bien la deeptech aplicada a problemas reales.

Biocross, con sede en Valladolid, desarrolla sistemas de diagnóstico temprano basados en biomarcadores para detectar patologías como el alzhéimer, otras demencias y enfermedades cardiovasculares antes de que se manifiesten. Captoplastic, surgida de la Universidad Autónoma de Madrid, ha creado una solución avanzada para detectar y eliminar microplásticos de las aguas residuales, un problema ambiental de primer orden. Son dos ejemplos de tecnologías nacidas de la investigación que, con el respaldo adecuado, pueden convertirse en empresas con proyección internacional.

A esas coinversiones directas se suma el compromiso de hasta 75 millones en el fondo SC Sustainable Expansion Fund III Plus, gestionado por Suma Capital, una gestora independiente especializada en inversión sostenible. El fondo se dirige a compañías en fase de expansión —scale-ups ya rentables— para apoyar sus planes de crecimiento, otra pieza del mismo puzzle: acompañar a las empresas no solo cuando nacen, sino cuando necesitan crecer.

La pieza que conecta la ciencia con el mercado

El valor de Innvierte se entiende mejor si se sitúa en el conjunto del sistema. La innovación es una cadena que va desde la investigación básica hasta la empresa consolidada, y cada tramo necesita instrumentos distintos. Innvierte ocupa el eslabón del escalado: el que convierte una tecnología prometedora en una compañía capaz de crecer, atraer inversión e internacionalizarse. Es, en palabras del propio CDTI, la pieza que actúa donde el cuello de botella no es el coste de la investigación, sino el capital para crecer.

Ese es el famoso "valle de la muerte" que separa el laboratorio del mercado, y el punto donde España arrastra su gran asignatura pendiente: produce ciencia de primer nivel mundial pero la transforma en innovación mucho peor, una brecha que la Estrategia Deep Tech intenta corregir con instrumentos como este. Innvierte, de hecho, es hermano del instrumento Deep Start previsto en esa estrategia: ambos buscan movilizar capital privado hacia la tecnología profunda para que no se quede por el camino. Y es la otra cara de un mismo fenómeno que también se juega antes, en el origen: el de la investigación pública que se convierte en empresas, como ilustran las spin-offs que nacen de los centros tecnológicos y universitarios.

Ese eslabón cobra sentido junto a los otros. En las mismas semanas, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha resuelto de forma provisional la mayor convocatoria de investigación de su historia, con 697,6 millones de euros para 3.422 proyectos de generación de conocimiento y 1.156 contratos predoctorales, además de las ayudas específicas de la Acción Estratégica en Salud. Son los tramos previos de la cadena: la ciencia básica y el talento investigador que, años después, alimentan a las empresas en las que invierte Innvierte. Entre la financiación de un proyecto de investigación y la coinversión en una startup deeptech media todo un recorrido, y el sistema necesita que funcionen ambos extremos.

La apuesta tiene, además, un marco estratégico. El Gobierno ha comprometido movilizar 8.000 millones de euros hasta 2030 dentro de la Estrategia Nacional de Deep Tech, con la que España busca no quedarse atrás en las tecnologías que definirán la próxima década: inteligencia artificial, supercomputación, biotecnología o nuevos materiales. Instrumentos como Innvierte son la herramienta con la que ese propósito se traduce en operaciones concretas, empresa a empresa. Porque una estrategia de país no se mide por los millones que anuncia, sino por su capacidad de convertir la ciencia que se hace en los laboratorios en compañías que lleguen al mercado. Y ese, precisamente, es el tramo más difícil de todo el camino.