Más tecnología, más humanidad: el nuevo liderazgo que exige la IA

photo_camera Mónica Quintana, fundadora y CEO de Mindset, coach y estratega experta en innovación y desarrollo de talento, durante la jornada 'Liderar en tiempos de la Inteligencia Artificial' organizada por FADE.

La inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro ni un debate exclusivo de expertos tecnológicos. Ha irrumpido en la gestión empresarial, en la toma de decisiones y en la forma misma de liderar equipos, obligando a darle una vuelta a los modelos que durante décadas parecían inamovibles. En este contexto de transformación acelerada, el liderazgo se enfrenta a una pregunta: ¿cómo se puede integrar la tecnología sin perder criterio, propósito ni humanidad?

Sobre este eje giró la jornada ‘Liderar en tiempos de la Inteligencia Artificial’, organizada el pasado 4 de diciembre de 2025 por la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y que reunió a directivos y profesionales para reflexionar sobre el impacto real de la IA en las organizaciones y sobre el papel que deben asumir los líderes ante un cambio que ya es estructural. El encuentro contó con la participación de Mónica Quintana, una de las referentes en liderazgo, talento y transformación organizativa en España, fundadora y CEO de Mindset, coach y estratega experta en innovación y desarrollo del talento.

Lejos de abordar la inteligencia artificial como una cuestión solo tecnológica, Quintana planteó una reflexión que partió de la premisa de que la IA está redefiniendo la naturaleza del trabajo, del liderazgo y de las propias organizaciones. Un debate que conecta con las inquietudes de las empresas y que invita a mirar más allá de las herramientas para centrarse en las personas, la cultura y el sentido de las decisiones.

La inteligencia artificial como cambio de reglas del juego

Para Mónica Quintana, el primer error que aún cometen muchas organizaciones es abordar la inteligencia artificial como si se tratara de una tecnología más: “Estamos operando en unas nuevas reglas del juego global marcadas por la irrupción de lo que podríamos llamar tecnologías fundacionales”, explica. Tecnologías que, como la IA o la computación cuántica, no impactan de forma marginal, sino que transforman la base sobre la que trabajamos, tomamos decisiones y organizamos el valor.

Mónica Quintana, fundadora y CEO de Mindset, coach y estratega experta en innovación y desarrollo del talento.

Bajo este contexto, Quintana remarca que “la inteligencia artificial no es una moda ni un proyecto tecnológico puntual. Es una gran transformación estructural, una auténtica infraestructura cognitiva, comparable a la electricidad o a internet”. Su impacto potencial, asegura, alcanza a la totalidad de los procesos empresariales, desde la forma de producir hasta la manera en que las organizaciones piensan, aprenden y deciden.

Esta experta en liderazgo sitúa esta transformación en un entorno marcado por la policrisis, la incertidumbre geopolítica y una carrera global por el liderazgo tecnológico. Según recuerda, “hoy, una gran parte de las personas que trabajan en economías del conocimiento ya utilizan inteligencia artificial en su día a día para realizar tareas”, muchas veces de manera informal. La consecuencia es una aceleración sin precedentes de la obsolescencia de determinadas actividades y roles profesionales.

Ante este escenario, la pregunta clave ya no es si incorporar o no la inteligencia artificial: “La verdadera cuestión es desde qué mentalidad hacerlo, con qué propósito, para construir qué tipo de organización”, subraya, apuntando directamente al liderazgo como palanca crítica de esta transformación.

Desde su perspectiva, “la inteligencia artificial no está cambiando solo las herramientas con las que trabajamos, sino también la naturaleza misma del trabajo y del liderazgo”. En los próximos años, señala, “los líderes no dirigirán únicamente personas, sino ecosistemas híbridos en los que convivirán seres humanos e inteligencias artificiales con distintos grados de autonomía”.

Este nuevo contexto cuestiona de raíz los modelos de liderazgo tradicionales. “El liderazgo basado en el control, la jerarquía o la microgestión no solo es ineficaz: se vuelve directamente disfuncional”, advierte. Frente a ello, surge un nuevo rol que Quintana define como el del “orquestador cognitivo”, capaz de diseñar flujos de trabajo entre inteligencias humanas y no humanas, manteniendo la coherencia, el propósito y el buen juicio.

Lejos de restar valor al talento humano, “la IA la radicaliza”, sostiene. En un entorno saturado de tecnología, lo verdaderamente diferencial no será saber más, sino “pensar mejor”. Competencias como el pensamiento sistémico, la capacidad de anticipar escenarios, conectar puntos o tomar decisiones en contextos de alta incertidumbre se vuelven críticas, junto a habilidades profundamente humanas como la comunicación, la empatía o la construcción de confianza.

Quintana alerta además sobre uno de los riesgos menos visibles de esta transición, que es la delegación cognitiva: “Si externalizamos el juicio, el criterio o la responsabilidad ética en la tecnología, no estamos avanzando, estamos empobreciendo nuestra inteligencia colectiva”. Frente a este riesgo, propone el llamado modelo centauro, en el que “los humanos mantienen el juicio y el propósito, y utilizan la IA como copiloto intelectual, no como sustituto de la decisión”.

Liderar en la incertidumbre: propósito, aprendizaje y seguridad psicológica

La aceleración tecnológica ha convertido la incertidumbre en una condición estructural del trabajo. Por eso, Quintana sostiene que el liderazgo ya no puede basarse en la promesa de certezas. “El liderazgo actual no exige tener todas las respuestas. Exige ofrecer marcos claros de interpretación que permitan a los equipos comprender lo que está ocurriendo y tomar decisiones razonables en contextos donde no hay certezas”.

La claridad, afirma, no proviene de eliminar la incertidumbre, sino de ayudar a navegarla. Para ello, “los líderes deben adoptar una mentalidad experimental, más cercana a la del científico que a la del planificador tradicional”. Formular hipótesis, lanzar experimentos, aprender y ajustar de forma continua se convierte en una práctica esencial en entornos complejos.

Un elemento clave para sostener este enfoque es la creación de espacios de seguridad psicológica. “Sin esa seguridad, la incertidumbre se traduce en bloqueo, escepticismo o resistencia al cambio. Con ella, en cambio, se convierte en aprendizaje colectivo”, subraya. Mantener el propósito pasa por marcar una dirección clara, aunque los caminos para alcanzarla sean flexibles y cambiantes.

Este liderazgo está muy ligado a la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Para Mónica Quintana, aprender no significa acumular cursos, sino integrar el aprendizaje en el trabajo diario: “Aprender algo que no se puede aplicar genera frustración; aprender algo que facilita el trabajo cotidiano genera compromiso”, señala, subrayando que incluso las pymes pueden impulsar culturas de aprendizaje sin grandes recursos si lo hacen con intención y coherencia.

Ética, identidad y líneas rojas en el uso de la IA

A medida que las máquinas asumen decisiones cada vez más complejas, la dimensión humana adquiere un papel irrenunciable. “La inteligencia artificial debe asistir y complementar, pero nunca sustituir el juicio humano en aquellas decisiones que tienen impacto real sobre las personas”, afirma Quintana. La ética, los valores y la responsabilidad última no son delegables.

De izquierda a derecha: Jorge Enríquez, Jorge Enríquez, director de Transformación de FADE; María Calvo, presidenta de FADE; y Mónica Quintana, fundadora y CEO de Mindset, coach y estratega experta en innovación y desarrollo del talento

La línea roja, explica, aparece cuando las decisiones afectan a derechos, dignidad o bienestar, o cuando los procesos no son transparentes ni explicables. En estos casos, “el criterio humano debe ser siempre el último responsable”. De ahí la necesidad de contar con marcos claros de gobernanza ética que definan qué se puede automatizar, qué no y bajo qué condiciones.

Integrar la IA sin deshumanizar la organización exige, además, coherencia con la identidad corporativa. “La identidad de una empresa no la define la tecnología que utiliza, sino la intención y los valores con los que la pone al servicio del trabajo y de las personas”, subraya. La IA debe entenderse como una herramienta de apoyo al talento, no como un mecanismo de vigilancia o control.

Al proyectar el liderazgo hacia un horizonte de diez años, Quintana reconoce las limitaciones de cualquier ejercicio de anticipación. Sin embargo, identifica algunas tendencias claras. Entre ellas, el posible avance de la computación cuántica, la transformación de las carreras profesionales y la emergencia de organizaciones más descentralizadas y adaptativas.

En este escenario, el liderazgo será “estratégico, sistémico y anticipatorio”, orientado a conectar puntos, detectar señales débiles y orquestar flujos entre personas, datos e inteligencias artificiales. Pero junto a esta sofisticación tecnológica aparece una dimensión crítica de la que aún se habla poco: el cuidado del wetware, entendido como el soporte biológico, cognitivo y emocional del liderazgo.

“En un mundo hiperacelerado, saturado de estímulos y decisiones, el autocuidado dejará de ser un asunto personal para convertirse en una competencia estratégica”, advierte. Las organizaciones mejor preparadas serán aquellas que comprendan que no hay liderazgo aumentado sin un soporte humano bien cuidado.

“Las Oficinas Acelera pyme puestas en marcha en toda España por Red.es, entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, cuentan en su convocatoria 2025 con un importe de ayuda concedida de más de 29 millones de euros para impulsar la digitalización de pymes, autónomos y emprendedores. El importe de la ayuda máxima es del 80% del presupuesto subvencionable y está financiada por la Unión Europea, Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) del periodo 21-27.”