VIVERO DE EMPRESAS DE TURISMO ACTIVO

Leorio abre la puerta a emprender desde la naturaleza con el VETA, un vivero que busca atraer empresas de turismo activo

Dos proyectos, Preon y TripStop, inauguran este espacio diseñado para validar ideas, generar comunidad y consolidar nuevas iniciativas.
Preon y TripStop son las dos empresas que, por el momento, están alojadas en el VETA de Gijón/Xixón / Marta Martín
photo_camera Preon y TripStop son las dos empresas que, por el momento, están alojadas en el VETA de Gijón/Xixón / Marta Martín

En Gijón, el turismo activo ha ido ganando terreno en los últimos años, y lo ha hecho al calor de una demanda cada vez más vinculada a la naturaleza, el deporte y las experiencias ligadas al territorio. No es una tendencia menor, pues la ciudad supera ya los 1,8 millones de visitantes, mientras que en Asturias el turismo rural roza los 305.000 viajeros, con más de la mitad de la actividad concentrada fuera de los meses de verano. A ello se le suma un contexto de creciente conectividad, con más de dos millones de pasajeros en el aeropuerto, que remarca el atractivo que tiene el territorio para este tipo de propuestas y facilita la llegada de perfiles de viajero cada vez más diversos.

Este crecimiento no responde solo a una mayor afluencia, sino a una forma más profunda de entender el turismo. El visitante busca experiencias más conectadas con el entorno, alejadas de los modelos tradicionales de consumo rápido del destino. En ese cambio de paradigma, el turismo activo se posiciona como una de las grandes palancas de transformación, al permitir una relación más directa, consciente y prolongada con el territorio.

En este contexto se enmarca la puesta en marcha del VETA (Vivero de Empresas de Turismo Activo), un espacio pionero en España que busca acompañar a proyectos empresariales que nacen de una relación directa con el entorno. Según explica Ángela Pumariega, vicealcaldesa y concejala de Economía, Empleo, Turismo e Innovación del Ayuntamiento de Gijón/Xixón, se crea “con la vocación de dar un paso más en el impulso del turismo activo en nuestro municipio, aprovechando el potencial que ya existe y ayudando a que nuevos proyectos puedan desarrollarse en mejores condiciones, con acompañamiento y en un entorno colaborativo”.

VETA (Vivero de Empresas de Turismo Activo), un espacio pionero en España que busca acompañar a proyectos empresariales que nacen de una relación directa con el entorno / Marta Martín

La apuesta, añade, responde a una estrategia más amplia orientada a fortalecer el sector desde sus primeras fases: “Desde la concejalía estamos haciendo una apuesta decidida por este ámbito y por fórmulas como los viveros, que permiten fortalecer el tejido empresarial desde el inicio, generar proyectos más sólidos y favorecer la conexión entre iniciativas que comparten visión y territorio”.

Se trata, además, de un modelo que introduce nuevas dinámicas en la distribución de la actividad turística. Frente a la concentración en determinados puntos y momentos del año, el turismo activo favorece la dispersión geográfica y temporal de los flujos, contribuyendo a reducir la estacionalidad y a generar impacto económico en áreas que tradicionalmente quedaban fuera de los circuitos principales.

“El VETA es una palanca estratégica para atraer proyectos vinculados a la naturaleza, el deporte y las experiencias, que aporten valor y contribuyan a generar actividad y empleo durante todo el año”, subraya Pumariega. A medio plazo, dice, “buscamos que funcione como un nodo que dinamice el entorno donde se encuentra, genere sinergias y refuerce el posicionamiento del municipio como referente en turismo activo”.

Más allá de las cifras, el turismo activo se ha consolidado como una herramienta para diversificar la actividad económica, activar entornos periurbanos y reforzar una identidad territorial que mira al paisaje no solo como recurso, sino como oportunidad. Así, actividades como el senderismo o el cicloturismo se posicionan como productos prioritarios, alineados con una forma de viajar más pausada, experiencial y conectada con el entorno, pero también con un modelo turístico más sostenible y equilibrado.

Este cambio abre nuevas oportunidades para el emprendimiento. A diferencia de otros sectores turísticos más intensivos en capital o infraestructuras, el turismo activo permite el desarrollo de proyectos de menor escala, altamente especializados y muy vinculados al territorio. Empresas que no solo operan en un lugar, sino que integran el entorno en su propuesta de valor. En ese sentido, Ángela lanza un mensaje a quienes valoran instalarse en el espacio: “Aquí van a encontrar un lugar pensado para crecer, compartir y consolidar sus proyectos con el respaldo del Ayuntamiento”.

Un espacio diseñado para crecer 

En ese cruce entre turismo, actividad física y economía verde se sitúa Leorio, un enclave que empieza a dibujar un nuevo mapa para este tipo de iniciativas. Allí, entre equipamientos deportivos y naturaleza, ha echado a andar el VETA.

Su ubicación no es casual. La cercanía a Mareo y a otras infraestructuras deportivas, junto con su conexión con el núcleo urbano de Gijón, sitúa al vivero en un punto intermedio que combina accesibilidad y contacto directo con la naturaleza. Un equilibrio que resulta especialmente relevante en un sector donde el entorno no es un elemento accesorio, sino más bien estructural.

Para una empresa de turismo activo, elegir un entorno idóneo es importante, pues supone también una herramienta de trabajo. Es lo que inspira las experiencias, lo que condiciona los tiempos y, en muchos casos, lo que define la identidad del proyecto. En Leorio, donde la conexión es inmediata, esa relación se convierte en algo tangible.

En este sentido, el VETA se plantea como algo más que un espacio físico. Es también un entorno de validación, un lugar desde el que testar propuestas, ajustar modelos y construir relatos coherentes con el tipo de experiencia que se quiere ofrecer. Se configura como un lugar diseñado para acompañar a proyectos empresariales innovadores relacionados con la economía verde, el deporte, el turismo activo y la naturaleza, combinando zonas de trabajo, áreas de almacenamiento y un acceso directo a un entorno que actúa como campo de pruebas natural.

El equipamiento se levanta sobre una parcela municipal de cerca de 2.500 metros cuadrados y cuenta con más de 600 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos plantas que servirán para dar respuesta a necesidades operativas y a la evolución de los proyectos en sus primeras fases.

Preon y TripStop en el interior del VETA de Gijón/Xixón / Marta Martín

En la planta principal se ubican seis oficinas, con superficies que oscilan entre aproximadamente 23 y 37 metros cuadrados, además de una sala de reuniones de uso compartido. Por debajo, el espacio incorpora una zona polivalente en la que se ha instalado equipamiento para el testeo de realidad virtual, junto a áreas comunes como office-comedor y servicios adaptados a la propia actividad de las empresas, incluyendo duchas. El conjunto se completa con aparcamiento exterior y servicios básicos incluidos en el alquiler, como conectividad o limpieza.

El vivero introduce también un modelo de acceso pensado para empresas en fase inicial. Las oficinas, disponibles en régimen de alquiler desde algo más de 360 euros mensuales más IVA, ofrecen acceso continuo (24/7) y están diseñadas para equipos de al menos dos personas, con contratos de un año prorrogables. Un planteamiento que busca combinar estabilidad y flexibilidad, permitiendo a las empresas asentarse, crecer y adaptarse.

El objetivo es facilitar un entorno en el que las barreras de entrada sean asumibles y donde los proyectos puedan concentrarse en su desarrollo sin asumir desde el inicio estructuras de coste elevadas. Así, VETA se posiciona como un instrumento de acompañamiento en una fase especialmente delicada del emprendimiento.

La puesta en marcha del vivero, con una inversión cercana a 1,5 millones de euros y un plazo de ejecución de 14 meses, forma parte de un plan más amplio orientado a impulsar nuevos modelos productivos en zonas en transición. La obra ha sido cofinanciada por el Instituto para la Transición Justa (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) y por el Gobierno del Principado de Asturias, a través de Sekuens, en una estrategia que busca generar actividad económica sostenible y alineada con los recursos del territorio.

A medida que el vivero incorpore nuevas iniciativas, su evolución permitirá medir hasta qué punto este tipo de infraestructuras pueden actuar como catalizadores de actividad en sectores emergentes.

Emprender desde el territorio

Más allá del planteamiento del vivero, la realidad del VETA empieza a construirse desde dentro. Por ahora, son dos las empresas que han dado el paso de instalarse en Leorio, y sus proyectos permiten empezar a entender cómo se materializa este modelo sobre el terreno y qué papel juega el espacio en su desarrollo.

Llama la atención, además, que ambas iniciativas, pese a estar vinculadas al turismo activo, incorporan un fuerte componente tecnológico, lo que refleja cómo las fronteras entre sectores son cada vez más difusas y cómo la innovación digital se integra de forma natural en nuevas propuestas ligadas al territorio.

Una de ellas es Preon, una empresa de ingeniería electrónica que nace con el objetivo de llevar al mercado soluciones tecnológicas innovadoras a partir de necesidades reales detectadas en el propio uso. Su producto principal, Preon Phobos, es un extensor de batería para smartwatch que permite recargar el dispositivo sin interrumpir la actividad, una idea que surge precisamente en contextos como el senderismo.

“La idea nace de una necesidad real detectada en nuestro día a día, especialmente durante actividades como el senderismo”, explica José Manuel Piedra, CTO de Preon. Este punto de partida no es casual. En el turismo activo, la experiencia directa suele ser el origen de muchas iniciativas, lo que permite desarrollar productos más ajustados a las necesidades reales del usuario.

José Manuel Piedra, CTO de Preon / Marta Martín
José Manuel Piedra, CTO de Preon / Marta Martín

Su llegada al VETA coincide con un momento de consolidación, en el que el crecimiento del proyecto exigía dar un paso más en términos de infraestructura. “Hasta entonces trabajábamos desde el coworking de Impulsa y desde nuestros propios domicilios, pero llegó un momento en el que el laboratorio ‘casero’ se nos quedó pequeño. Necesitábamos un espacio adecuado para herramientas específicas de desarrollo electrónico”, señala.

Este salto refleja una realidad habitual en el emprendimiento tecnológico: el paso de una fase inicial, más flexible, a una etapa en la que la especialización y los recursos técnicos se vuelven imprescindibles. En este caso, la posibilidad de contar con un laboratorio propio ha permitido a la empresa avanzar en procesos clave como la validación electrónica, el testeo de prototipos o la preparación para la industrialización.

Actualmente, Preon se encuentra centrada en los últimos prototipos de su dispositivo, en una fase crítica en la que se definen aspectos como el diseño final, la miniaturización o la escalabilidad del producto. Un proceso que requiere precisión, tiempo y un entorno adecuado para iterar.

Pero más allá de las instalaciones, el entorno vuelve a aparecer como un elemento clave. “Es tranquilo, natural y muy inspirador; además conecta directamente con el uso real de nuestro producto”, destaca. Esta conexión no solo tiene implicaciones prácticas, sino también estratégicas. “Cuando mostramos lo que hacemos desde un entorno como el de Leorio, transmite autenticidad y conecta con nuestro público”.

Esta idea muestra al territorio no solo como lugar de desarrollo, sino como parte del relato de marca. En sectores vinculados a la experiencia, la coherencia entre lo que se ofrece y el contexto desde el que se comunica se convierte en un elemento diferencial.

En paralelo, el vivero acoge también a TripStop, una plataforma tecnológica que nace tras más de una década de experiencia en viajes en autocaravana y que busca dar respuesta a una necesidad creciente en el sector, que pasa por ordenar, digitalizar y facilitar la gestión de áreas destinadas a este tipo de turismo.

“Detectamos un triple problema: los viajeros no encontraban sitios donde pernoctar con garantías, los municipios no sabían cómo regular este flujo y los promotores privados carecían de soluciones de gestión adaptadas”, explica Miguel Ángel Álvarez, cofundador y CTO en TripStop. A partir de este diagnóstico, la empresa desarrolla una herramienta que conecta a viajeros, administraciones y operadores, facilitando una gestión más eficiente del turismo itinerante.

Actualmente, la plataforma cuenta con más de 200.000 usuarios activos y gestiona alrededor de 1.200 parcelas reservables en toda España. Una escala que refleja tanto la demanda existente como la necesidad de soluciones que permitan ordenar este tipo de actividad.

El equipo de TripStop en el VETA de Gijón / Marta Martín
El equipo de TripStop en el VETA de Gijón / Marta Martín

Su propuesta se sitúa en la intersección entre turismo y tecnología, incorporando elementos como la automatización de accesos, la gestión remota o la optimización de recursos. Un enfoque que permite mejorar la experiencia del usuario y, al mismo tiempo, reducir la carga operativa para los gestores.

En su caso, la llegada al VETA responde a una necesidad distinta, más vinculada al crecimiento del equipo y a la necesidad de contar con un espacio físico que complemente el teletrabajo. “Buscábamos un punto de encuentro para el equipo, un lugar donde reunirnos y trabajar de forma más colaborativa, y las instalaciones del VETA resultaron ser el lugar ideal para esta etapa”, señala.

Al igual que en el caso de Preon, el entorno vuelve a aparecer como un factor diferencial. “Es un espacio ubicado estratégicamente y rodeado de un entorno natural privilegiado. Dado que nuestro proyecto está ligado a la vida nómada y al contacto con el exterior, estar en un entorno así encaja perfectamente con nuestra visión”.

Ambos proyectos coinciden en señalar el potencial del vivero como palanca para generar ecosistema. Más allá de las instalaciones, destacan la posibilidad de formar parte de un entorno donde pueden surgir colaboraciones, intercambios y nuevas oportunidades.

Este componente relacional, todavía incipiente, puede convertirse en uno de los principales valores del espacio a medio plazo. La convivencia entre proyectos de distinta naturaleza, tanto tecnológicos como turísticos u operativos, abre la puerta a sinergias que van más allá del uso individual de las instalaciones.

Lo que estas primeras experiencias dejan entrever es el importante papel que puede jugar este vivero de empresas en el impulso de nuevas iniciativas vinculadas al turismo activo.