Tres mil ciento ocho empresas. Veintitrés mil trabajadores. Casi cuatro mil millones de euros de facturación anual. Un crecimiento del 21% en seis años. Los datos del sector TIC gallego son buenos, y la propia Xunta lo reconoce sin rubor. Pero el Plan Director de la Industria TIC que el Consello acaba de aprobar arranca con un diagnóstico que pocos documentos institucionales se atreven a formular con tanta claridad: dos tercios de esas empresas hacen solo programación y consultoría, el sector está excesivamente fragmentado y faltan compañías con tamaño suficiente para competir en mercados internacionales.
Esa tensión entre los buenos números y el problema estructural de fondo es exactamente la que el Plan Director 2026-2028 se propone resolver. Con 61,8 millones de euros movilizados y 77 medidas articuladas en seis ejes de actuación, es la primera hoja de ruta específica que el sector tecnológico gallego tiene en su historia. "El objetivo es tener mejores empresas, más empresas y desarrollar plenamente el sector", resumió Antonio Rodríguez del Corral, presidente del Clúster TIC Galicia, en la asamblea donde se presentó el documento.
El diagnóstico que el plan no esconde
Uno de los rasgos más llamativos del documento es su honestidad sobre los límites del propio ecosistema. El sector TIC de Galicia representa el 2,5% del PIB gallego y el 2,2% del empleo, cifras respetables pero que indican un margen de crecimiento considerable en comparación con las regiones tecnológicas más avanzadas de Europa. Su mayor debilidad estructural está en la composición del tejido empresarial: el 67% de las empresas se dedica a programación y consultoría.
Vamos a tratar de explicar esto. Una empresa de consultoría tecnológica crece sumando personas y proyectos: para facturar el doble, necesita aproximadamente el doble de ingenieros. Su crecimiento es lineal y su margen está acotado por el coste del talento. Una empresa con producto propio —un software, una plataforma, una solución replicable— puede vender ese mismo producto en cien mercados sin multiplicar su plantilla. Escala de forma diferente, genera patentes, acumula propiedad intelectual y compite en condiciones distintas a nivel internacional.
El problema de Galicia no es que tenga consultoras y programadoras: es que tiene pocas empresas del segundo tipo, las que pueden convertirse en referencias globales en lugar de proveedores locales de talento técnico. La diferencia entre las dos es la diferencia entre un sector que crece linealmente y uno que puede crecer de forma exponencial. Y Galicia, según el diagnóstico del propio plan, está todavía demasiado anclada en el primero.
A eso se suma la fragmentación. Con más de 3.000 empresas pero muy pocas de tamaño medio o grande, el ecosistema gallego tiene dificultades para afrontar proyectos de gran envergadura o para competir en licitaciones internacionales. "Debemos hacer nuestra propia reconversión del talento humano y aprovecharla para dar un salto de productividad", señaló Rodríguez del Corral.
Las apuestas concretas del plan
El plan no se limita a diagnosticar el problema. Propone medidas concretas para resolverlo, algunas de las cuales van más allá de lo que suele verse en documentos de política industrial autonómica.
La más llamativa es la creación de un gemelo digital del sector TIC: una réplica virtual del ecosistema que permita monitorizar en tiempo real su evolución, generando información estratégica para la toma de decisiones tanto privadas como públicas. Es una herramienta poco habitual en política industrial regional y que, si se ejecuta bien, puede convertirse en un activo diferencial para el sector.
También destaca la apuesta por tecnologías cuánticas e inteligencia artificial como vectores de crecimiento, con una línea de ayudas específica para que pequeñas empresas puedan incorporarse a esos negocios emergentes, y la ambición de posicionar a Galicia como referente en semiconductores y chips, centros de datos y factorías de IA. Son territorios donde la comunidad parte de casi cero, pero donde la ventana de oportunidad sigue abierta para quien se mueva rápido.
El plan contempla además la Ciudad de las TIC como infraestructura central: un polo tecnológico que concentre empresas, centros de investigación y talento en un mismo espacio físico. La "culminación prioritaria" de ese proyecto aparece explícitamente en el documento como una de las palancas para acelerar la concentración de masa crítica que el ecosistema necesita.
Para resolver el problema de la fragmentación y el tamaño empresarial, el plan incluye iniciativas para fomentar la creación de empresas de mayor dimensión con capacidad tractora y cadenas de valor globales, y para apoyar la consolidación de startups y la atracción de inversión. Galicia figura ya como sexta comunidad autónoma en emprendimiento, con 229 startups y 15 scaleups, pero necesita más compañías capaces de dar el salto de la fase de startup a la de empresa establecida con proyección internacional.
El Clúster TIC Galicia emerge del plan como pieza clave de gobernanza: no solo como portavoz del sector, sino como operador activo de una ventanilla única entre oferta y demanda tecnológica que facilite sinergias entre empresas, proveedores y centros de conocimiento con carácter intersectorial.
Un sector que ya tira pero necesita un salto cualitativo
El Plan Director llega en un buen momento para el sector, aunque ese sea precisamente el motivo por el que algunos podrían cuestionar su urgencia. El TIC gallego creció un 21% desde 2020, incorporó 4.000 nuevos profesionales en ese periodo y genera una facturación que se acerca a los 4.000 millones anuales. La conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, lo reconoció en la presentación: "Este dinamismo debía tener reflejo en un plan a la altura."
Pero crecer bien no es lo mismo que crecer hacia donde se necesita. El plan parte de la convicción de que el sector puede dar un salto cualitativo —hacia el producto propio, hacia la internacionalización, hacia tecnologías de mayor valor— que las fuerzas del mercado por sí solas no están garantizando a la velocidad necesaria. Y que ese salto requiere coordinación, infraestructura y recursos que justifican una hoja de ruta compartida.
Lo que diferencia a este plan de muchos otros documentos similares es que nació del diálogo real entre la Administración, las empresas y los centros de conocimiento. "Integra planificación, gobernanza y diálogo público-privado", subrayó Rodríguez del Corral. Los mecanismos de seguimiento y evaluación anuales previstos en el texto serán la prueba de que ese diálogo se mantiene más allá del día del anuncio.


