Durante quince años, el éxito de un proyecto renovable se ha contado hacia adelante: megavatios instalados, hogares equivalentes, toneladas de CO2 que dejarán de emitirse. Es una buena historia y, en lo esencial, es cierta. Pero deja fuera una parte de la ecuación que ahora empieza a pesar: cuánto carbono cuesta fabricar la máquina antes de que produzca el primer kilovatio.
Lo que ha cambiado en Escocia
Vattenfall ha encargado a Vestas catorce turbinas V136 de 4,5 MW para Clashindarroch II, en Aberdeenshire: 63 MW, treinta años de servicio y primera electricidad prevista para el verano de 2027. La cifra que merece atención no es la potencia, sino el material.
Las torres se fabricarán con chapa gruesa XCarb de ArcelorMittal, producida con un mínimo del 95% de chatarra fundida en horno eléctrico con electricidad de origen 100% renovable en Industeel Charleroi (Bélgica). Son cerca de 4.000 toneladas con una huella hasta un 66% inferior a la del alto horno convencional. En el conjunto de la torre, la reducción es del 36%. No es un piloto ni una prueba de concepto: es un proyecto con fecha de conexión y un proveedor que cobra por entregarlo.
Por qué el material dejó de ser un detalle
El acero y el hierro suponen entre el 80% y el 90% de la masa de un aerogenerador y cerca de la mitad de las emisiones de su ciclo de vida. Dicho de otro modo, buena parte de la huella de un molino ya está gastada el día que se instala.
Clashindarroch II evitará unas 90.844 toneladas de CO2 al año, y eso seguirá contando. Pero la conversación útil para una empresa se ha desplazado: del ahorro que promete el activo al coste de fabricarlo. Lo que hasta ahora quedaba fuera de la foto empieza a aparecer en el pliego, y no por convicción ecológica, sino porque alguien con capacidad de compra ha decidido medirlo.
La lectura española, sin inflarla
Conviene no envolver esto en una bandera. Clashindarroch II es escocés y su acero se funde en Bélgica. Pero hay un hilo que pasa por España: la alianza que Vestas y ArcelorMittal firmaron en 2024 para llevar acero de bajas emisiones a los aerogeneradores se apoya en la capacidad de transformar chapa gruesa para torres en la planta de Gijón.
La descarbonización de la eólica europea, por tanto, no se decide solo en consejos de administración. También depende de plantas concretas, con turnos y convenio, situadas en el norte. Es la misma lógica que explica apuestas como la del Golfo Ártabro, donde la península intenta capturar la cadena de valor de la eólica marina del Atlántico. Un dato que conviene tener presente antes de presumir de él y antes de descartarlo.
Lo que significa para quien no preside una eléctrica
Aquí está la parte que importa, porque la mayoría de las empresas no firma pedidos de 63 MW. Cuando tres compañías de este tamaño convierten la huella incorporada del material en un criterio de proyecto, ese criterio termina descendiendo: primero a los fabricantes de torres y estructuras, después a subestaciones, componentes e ingeniería, y al final a la oferta que un proveedor manda un jueves por la tarde.
De ahí salen cuatro decisiones concretas. En compras, empezar a pedir declaraciones ambientales de producto (EPD), huella de carbono y trazabilidad del material antes de que las exija un cliente. En el área comercial, competir por carbono incorporado y no solo por precio, porque el precio lo iguala cualquiera. En producción, evaluar si el acero bajo en carbono encaja en las estructuras sin estropear el margen. Y en la cadena de valor, decidir si se quiere estar en la lista de proveedores de los proyectos donde el CO2 embebido ya puntúa, o enterarse cuando esa lista ya esté cerrada.
El acero bajo en carbono nació como argumento de sostenibilidad. En Clashindarroch II empieza a comportarse como argumento de venta. El día, no tan lejano, en que un parque eólico se adjudique no solo a quien produzca más energía limpia sino a quien acredite con qué la ha fabricado, la distancia entre haber hecho los deberes y no haberlos hecho se medirá en contratos. Vale la pena cubrirla antes de que la pregunta sea obligatoria.