Descarbonizar el acero es uno de los retos industriales más complejos del siglo XXI. No porque falte voluntad, sino porque la física del proceso es extraordinariamente difícil de cambiar: fundir, transformar y procesar metal requiere enormes cantidades de energía, buena parte de la cual ha provenido históricamente de combustibles fósiles. Por eso, cuando una empresa industrial de la escala de Gonvarri Industries presenta una reducción del 14% en sus emisiones directas en apenas tres años, superando además sus propios objetivos intermedios, el dato merece atención.
El grupo español, controlado por la familia Riberas a través de la holding ACEK -la misma que controla Gestamp, uno de los mayores fabricantes mundiales de componentes de automoción-, cerró 2025 con una plantilla de 8.233 profesionales en 27 países y siete líneas de negocio que van desde la transformación del acero plano y el aluminio hasta las estructuras para parques fotovoltaicos. Con más de 67 años de historia, Gonvarri es uno de esos grupos industriales familiares españoles que operan a escala global con una discreción mediática que no refleja su peso real en las cadenas de valor de la automoción, la energía solar, el almacenamiento industrial o los tubos de precisión.
Su memoria de sostenibilidad 2025, auditada por EY bajo estándares GRI, es un documento que va bastante más allá del relato corporativo habitual. Los números están verificados externamente y cuentan una historia concreta: la de una empresa que ha decidido que la descarbonización no es un objetivo de comunicación sino una palanca estratégica de competitividad.
Un plan que ya supera sus propios objetivos
El Plan Carbon Neutral 2030-2050 de Gonvarri establece metas claras en tres horizontes temporales. El más inmediato fijaba una reducción del 12% en emisiones de Alcance 1 respecto al año base de 2022 para el cierre de 2025. El resultado real ha sido del 14%, superando el objetivo en dos puntos porcentuales.
La intensidad de emisiones -es decir, el CO₂ emitido por tonelada vendida- ha mejorado hasta los 10,18 kg por tonelada, un indicador que refleja no solo la reducción absoluta de emisiones sino una mejora real en la eficiencia de los procesos productivos. No basta con producir menos para emitir menos: hay que producir igual o más, pero más limpio.
Las palancas que han permitido ese avance son tres: la reducción del consumo de combustibles fósiles -que cayó un 5% respecto a 2024-, el incremento del uso de electricidad renovable y la mejora de la eficiencia energética en planta. El consumo total de energía se redujo un 1%, mientras que la proporción procedente de fuentes renovables alcanzó el 36% del total, incluyendo electricidad, vapor y calor.
En el capítulo de electricidad, el avance es especialmente significativo: el 61% del consumo eléctrico del grupo ya proviene de fuentes renovables, combinando electricidad certificada en 32 ubicaciones y autoconsumo solar fotovoltaico en 20 instalaciones propias, con una producción autoconsumida superior a 12 GWh en 2025. Entre las nuevas incorporaciones al parque solar propio figuran las instalaciones de Gonvarri Asturias, Senica, Laubac y Popes Lane.
Solar Steel: cuando el fabricante de acero también fabrica el futuro energético
Una de las dimensiones más llamativas del modelo de Gonvarri es que el grupo no solo está intentando descarbonizar su propia actividad, sino que una de sus divisiones fabrica precisamente la infraestructura que hace posible la transición energética de otros.
Gonvarri Solar Steel diseña y fabrica estructuras solares -fijas y con seguidor de un solo eje- que se instalan en parques fotovoltaicos de todo el mundo. En 2025, suministró estructuras a proyectos en 9 países y, estimando las horas netas de radiación solar por proyecto, contribuyó a evitar indirectamente 1.081.973 toneladas de CO₂ en un solo ejercicio. Entre sus clientes figuran grandes operadores como Iberdrola, a quien suministra seguidores solares con acero de bajas emisiones para proyectos fotovoltaicos en Portugal.
La división trabaja además con acero de bajas emisiones certificado y ha alcanzado la neutralidad en Alcance 2 en la Península Ibérica desde 2022, con el 100% de la electricidad consumida en esa geografía procedente de fuentes renovables. Una combinación que le permite ofrecer a sus clientes no solo una estructura, sino un producto con una huella de carbono verificada y decreciente, un argumento cada vez más relevante en licitaciones de proyectos renovables donde la trazabilidad del material está ganando peso regulatorio y comercial.
Economía circular: el acero como material permanente
La descarbonización del acero tiene una ventaja estructural que otras industrias no tienen: el acero es permanentemente reciclable sin pérdida de propiedades. Eso convierte la economía circular no en un principio aspiracional sino en una palanca real de reducción de emisiones.
En 2025, el 14% del acero procesado por Gonvarri procedía de material secundario -reciclado-, un porcentaje que la compañía trabaja para incrementar en los próximos ejercicios. Los residuos de proceso son principalmente chatarra metálica, que representó el 96% de los residuos no peligrosos generados en 2025 y que se reintroduce en la cadena de valor del acero, cerrando el ciclo.
El grupo tiene además certificación ISO 14001 en el 86% de sus operaciones propias y ha recibido en 2025 la Medalla de Oro de EcoVadis, el sistema de evaluación de sostenibilidad de referencia para cadenas de suministro globales, y la calificación B en CDP en cambio climático, dos reconocimientos externos que validan la solidez del enfoque.
Las personas: 18,5 millones en seguridad y una cultura de largo plazo
La sostenibilidad en Gonvarri no se agota en el medio ambiente. Desde 2020, el grupo ha invertido más de 18,5 millones de euros en mejoras de seguridad y salud en sus instalaciones, con el objetivo declarado de llegar a cero accidentes. En 2025, el 65% de las fábricas estaban certificadas bajo la norma ISO 45001, cubriendo al 82% de los profesionales.
El modelo de gestión de personas refleja también la vocación de permanencia de un grupo familiar: el 89% de los contratos son indefinidos, el 87% del empleo es local en los países donde opera y el grupo ha conectado en 2025 a más de 4.000 personas en 25 fábricas de 12 países a través de su Strategic Plan Tour, una iniciativa para trasladar el plan estratégico a todos los equipos del grupo de forma directa.
Son los rasgos de una empresa que lleva más de seis décadas construyendo algo pensado para durar. Y que ha decidido que durar, en el siglo XXI, requiere hacer las cosas de otra manera.




