Mientras buena parte de la industria pesada europea pelea por sostener su actividad, hay un sector español que vive su mejor momento en tres lustros. Los astilleros privados españoles cerraron 2025 con 65 buques en cartera por un importe superior a los 3.000 millones de euros, el mayor nivel de actividad registrado en los últimos 15 años. No es una cifra aislada: detrás hay cerca de 89.000 empleos, una aportación de más de 12.700 millones de euros a la economía española y una posición de liderazgo europeo que se ha reforzado justo cuando la Unión Europea ha decidido que su industria naval es un asunto estratégico.
Los datos se presentaron durante la Junta General de Accionistas de PYMAR, la sociedad que agrupa y da soporte financiero a los astilleros privados españoles, en un encuentro que reunió a representantes de la industria y de las administraciones públicas con la presencia del ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu. El balance dibuja un sector en plena expansión y con una característica que lo distingue de casi cualquier otra rama industrial española: más del 90% de su contratación se destina a la exportación.
Un liderazgo europeo construido sobre nichos de alto valor
La fortaleza de la industria naval española no se explica por volumen, sino por especialización. España es la segunda potencia de la Unión Europea en contratación y cartera de pedidos, pero es la primera en segmentos de alto valor añadido como la eólica marina, la investigación oceanográfica, la acuicultura y el transporte de pasajeros. Construye además más del 20% de la cartera mundial de buques con capacidades basadas en hidrógeno, un dato que sitúa a los astilleros españoles en la frontera de la descarbonización del transporte marítimo.
Esa combinación —no competir en el buque estándar de bajo margen, sino en el barco tecnológicamente complejo donde el precio no lo es todo— es la que ha permitido a los astilleros privados españoles sostener su competitividad frente a la potencia de los astilleros asiáticos. El sector registró en 2025 más de un millar de grandes trabajos de reparación y transformación, con un incremento de facturación en esa área superior al 15% respecto a la media del último lustro.
La defensa y la autonomía estratégica europea, en el horizonte
El momento no podría ser más propicio. La Comisión Europea aprobó el pasado 4 de marzo la nueva Estrategia Marítima Industrial de la Unión Europea, una hoja de ruta para fortalecer la industria naval del continente en un contexto de creciente preocupación por la autonomía estratégica. Y ahí los astilleros privados españoles parten de una posición privilegiada.
"Nuestros astilleros han alcanzado niveles de actividad históricos y lideran mercados clave para la autonomía estratégica europea", subrayó Almudena López del Pozo, consejera delegada de PYMAR. "En un momento en el que Europa necesita reforzar sus capacidades industriales en defensa y seguridad, la industria naval privada española ofrece una base industrial sólida, innovadora y comprometida con la transformación hacia la sostenibilidad y la digitalización."
El componente de defensa es, precisamente, uno de los vectores de crecimiento más claros. Los astilleros privados españoles han construido más de 100 buques relacionados con defensa y seguridad en los últimos 25 años, y en 2025 alcanzaron su máxima actividad histórica en este segmento, que representa ya el 11% de la cartera actual. En un ciclo de rearme europeo como el actual, reforzar la base industrial naval privada equivale a reforzar la capacidad de producción de defensa del país.
El ministro Hereu enmarcó el buen momento del sector en la colaboración público-privada y puso el foco en los retos de futuro: "Trabajar en las necesidades futuras que tiene este sector desde el punto de vista de la competitividad, de la diversificación, de la internacionalización y del talento humano que se precisa." Ese último punto, el talento, es el mismo cuello de botella que atraviesa al conjunto de la industria tecnológica e industrial española: sin profesionales cualificados, la cartera de pedidos no se traduce en actividad.
Un sector con respaldo financiero reforzado
Detrás de la actividad hay también una arquitectura financiera que la sostiene. PYMAR, que el año pasado celebró su 40 aniversario, vio mejorado durante el último ejercicio su rating por parte de Fitch hasta A-, y participó en operaciones para la construcción de 12 nuevos buques por un importe conjunto superior a los 575 millones de euros. Es el tipo de instrumento —garantías, estructuración financiera, apoyo a la exportación— que permite a astilleros de tamaño medio competir por contratos internacionales que, de otro modo, quedarían fuera de su alcance.
La creciente demanda en energías renovables marinas, transporte de mercancías y pasajeros, pesca y acuicultura, y defensa y seguridad abre un horizonte de crecimiento sostenido para un sector que ha sabido posicionarse en los nichos donde la tecnología, y no el precio, marca la diferencia. En un mapa industrial europeo que busca recuperar soberanía productiva, la industria naval española parte con ventaja.

