La aviación y el transporte marítimo comparten un problema: son dos de los sectores más difíciles de electrificar del mundo. No se puede poner una batería a un carguero transoceánico ni a un vuelo intercontinental. La alternativa más realista a medio plazo pasa por sustituir los combustibles fósiles que consumen por combustibles sintéticos producidos a partir de fuentes renovables. Pero esa tecnología todavía necesita demostrar que funciona a escala industrial, en condiciones reales y con costes competitivos. Es exactamente lo que viene a hacer STEROPE.
Este proyecto europeo, con un presupuesto de 7 millones de euros y una participación clave del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a través de su Instituto de Catálisis y Petroleoquímica (ICP), está desarrollando tres plantas piloto que se probarán in situ en la refinería de Eleusis, en Grecia, perteneciente a Helleniq Energy, coordinadora del proyecto. El objetivo: demostrar en condiciones reales una ruta tecnológica completa para producir e-metanol (combustible renovable para barcos) y SAF (combustible sostenible de aviación) a partir de las emisiones de CO₂ generadas por la propia refinería.
"Vamos a demostrar en condiciones reales una ruta tecnológica para producir combustibles sostenibles para barcos y aviación a partir de emisiones de CO₂. Esto supone un paso clave hacia la descarbonización del transporte marítimo y aéreo, dos sectores muy difíciles de electrificar", explica Silvia Morales, investigadora del CSIC en el ICP e investigadora principal del proyecto en España.
De CO₂ a queroseno: cómo funciona la ruta power-to-liquid
El proceso que STEROPE va a validar es técnicamente ambicioso y merece ser explicado. La primera planta, ya instalada en el ICP del CSIC en Madrid, captura CO₂ y lo combina con hidrógeno renovable para sintetizar metanol mediante catálisis. Ese metanol puede utilizarse directamente como combustible renovable para barcos.
Pero la ruta no se detiene ahí. Una segunda planta, en construcción en la Universidad de Gante (Bélgica), transformará ese e-metanol en olefinas, que se unen para formar cadenas de hidrocarburos más largas. Estas se hidrogenan y refinan hasta obtener moléculas en el rango del queroseno de aviación (C8-C16): un SAF compatible con los motores de avión actuales sin necesidad de modificación alguna. Una tercera planta, en la Universidad de Génova (Italia), se encargará de la captura y purificación del CO₂.
Las tres plantas se trasladarán a la refinería de Eleusis para realizar la demostración completa del proceso integrado. "Instalaremos una planta piloto en una refinería real, que utilizará el CO₂ emitido por la propia instalación, lo que nos permitirá validar la integración del proceso en condiciones reales y entornos ya existentes", señala José Miguel Campos, investigador del CSIC en el ICP.
Es, en esencia, una ruta power-to-liquid: convertir energía renovable en hidrógeno, combinar ese hidrógeno con CO₂ capturado y obtener combustibles líquidos sintéticos que pueden alimentar aviones y barcos sin cambiar una sola pieza de los motores actuales.
El contexto regulatorio que lo hace urgente
STEROPE no es un ejercicio académico. Se enmarca en un horizonte regulatorio europeo que convierte este tipo de tecnologías en imprescindibles. La normativa europea establece que en 2050 el 70% del combustible de aviación deberá ser renovable, y que una parte significativa de este tendrá que ser de origen sintético, exactamente el tipo de combustible que desarrolla este proyecto.
En transporte marítimo, la Organización Marítima Internacional (OMI) ha fijado objetivos de reducción de emisiones que exigen una transición acelerada hacia combustibles alternativos, con el e-metanol como una de las opciones más avanzadas tecnológicamente.
El proyecto incluye además una fase de demostración avanzada: el metanol producido se probará en motores marinos reales y el SAF obtenido se ensayará en una turbina de aviación, lo que acerca la tecnología a su uso comercial real. No se queda en el laboratorio: busca la validación en condiciones operativas reales.
España en la frontera de los combustibles sintéticos
La participación del CSIC en STEROPE se suma a un contexto nacional en el que la producción de combustibles renovables está dejando de ser una promesa para convertirse en una capacidad industrial real. Repsol acaba de poner en marcha su planta de combustibles 100% renovables en Puertollano, con capacidad para 200.000 toneladas anuales de diésel renovable producido a partir de aceite de cocina usado. La planta demostrativa de combustibles sintéticos de Repsol en Bilbao ya está en desarrollo. Y Moeve construye en Huelva una de las mayores plantas europeas de biocombustibles 2G, con 500.000 toneladas anuales de SAF y HVO previstas para finales de 2026.
STEROPE opera en un eslabón distinto pero complementario de esa cadena: no produce a partir de residuos orgánicos como las plantas de Repsol o Moeve, sino directamente a partir de CO₂ capturado. Es la diferencia entre biocombustibles y e-fuels. Si la ruta power-to-liquid que STEROPE va a validar demuestra viabilidad a escala industrial, el CO₂ emitido por cualquier refinería del mundo podría convertirse en materia prima para fabricar el combustible que esa misma refinería distribuye. Un ciclo que, aunque todavía está lejos de la competitividad económica, tiene un potencial de descarbonización que ninguna otra tecnología puede igualar en aviación y transporte marítimo.