Cuando la OTAN reúne a sus gobiernos y a los grandes nombres de la industria de defensa para decidir qué se va a fabricar y con quién, ninguna base industrial que aspire a captar esos contratos puede permitirse faltar. España no ha faltado. Ocho representantes de su industria de defensa —Navantia, Indra, GMV, Escribano M&E, Hisdesat, Instalaza, Grupo Oesía y la patronal TEDAE— han integrado la delegación española en el NATO Summit Defence Industry Forum (NSDIF), celebrado en Ankara en el marco de la Cumbre de la Alianza.
El foro no es un acto protocolario. Es el espacio donde se articula la cooperación industrial aliada: qué capacidades se consideran prioritarias, qué programas se van a lanzar de forma conjunta y cómo se reparte la producción entre las bases industriales de los distintos países. Para las empresas españolas, estar en la sala es la condición previa para optar a esos programas. Y llegan en un momento especialmente favorable, con el gasto en defensa aliado en máximos y una demanda de capacidades que la industria europea no da abasto para cubrir.
Qué se juega la industria española en Ankara
El trasfondo de la cita es la carrera por escalar la producción de defensa. La guerra en Ucrania, la presión por alcanzar el 2% del PIB en gasto militar y la reordenación de las cadenas de suministro han generado una demanda de capacidades que ningún país puede satisfacer en solitario. La respuesta de la OTAN pasa por las compras conjuntas y el desarrollo multinacional: sumar la demanda de varios aliados para generar economías de escala, reducir costes y mejorar la interoperabilidad.
España ha respaldado en Ankara varias de esas iniciativas, enmarcadas en los llamados Proyectos de Alta Visibilidad de la Alianza. Entre ellas figuran la mejora de las capacidades de transporte aéreo estratégico y reabastecimiento en vuelo en torno al avión A400M —fabricado por Airbus con participación industrial española—, la adquisición colectiva de plataformas de alerta temprana y vigilancia, el refuerzo de las cadenas de suministro de materias primas críticas para defensa y la adhesión española al programa de vigilancia persistente desde el espacio de la Alianza.
Son ámbitos —espacio, sistemas no tripulados, comunicaciones seguras, vigilancia, movilidad— en los que la industria española tiene capacidades reales y contrastadas. Navantia en el terreno naval, Indra y GMV en sistemas, espacio y electrónica de defensa, Hisdesat en comunicaciones seguras por satélite, Escribano M&E en sistemas de precisión y optrónica, Instalaza en armamento, Grupo Oesía en electrónica y comunicaciones. La presencia de la patronal TEDAE, que agrupa a las empresas de tecnologías de defensa, aeronáutica y espacio, completa la representación del conjunto del sector.
De la inversión nacional a los contratos aliados
La participación en el foro de Ankara encaja en una secuencia más amplia. En los últimos meses, España ha reforzado con fuerza su base industrial de defensa: los nuevos Programas Especiales de Modernización movilizan miles de millones de euros y destinan cerca del 89% de esa inversión a la industria nacional. Ese esfuerzo interno es la base sobre la que las empresas españolas pueden después competir en el terreno aliado: sin capacidades desarrolladas en casa, no hay nada que ofrecer en los programas multinacionales.
La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, que encabezó la delegación, resumió esa lógica al vincular la fortaleza industrial con la credibilidad defensiva. "Una base industrial fuerte, innovadora y resiliente es condición indispensable para una defensa creíble y para una Alianza capaz de responder a los retos de seguridad actuales", señaló durante el encuentro con la delegación española.
El matiz relevante para el tejido industrial es que la cooperación aliada no solo abre oportunidades a los grandes contratistas. Las compras conjuntas y el desarrollo multinacional generan cadenas de suministro que se extienden por decenas de proveedores —electrónica, materiales, software, componentes— en los que las pymes tecnológicas españolas pueden encontrar acomodo. En un sector donde las barreras de entrada son altas, que España tenga voz en los foros donde se deciden los programas es también una forma de abrir puertas al conjunto de su industria, y no solo a las grandes compañías que viajaron a Ankara.
Con su presencia en el foro, la industria española busca traducir el actual ciclo de inversión en defensa en contratos concretos y en posiciones estables dentro de los programas de la Alianza. La cita de Ankara es, en ese sentido, menos un punto de llegada que una parrilla de salida: el lugar donde se decide quién estará en condiciones de fabricar las capacidades que la OTAN necesitará en la próxima década.
